El Deportivo de La Coruña ha cerrado el mercado de fichajes con una de esas incorporaciones que cambian la cara a un proyecto. Adama Traoré ya viste de blanquiazul, ha sido presentado oficialmente y no ha dudado en señalar que el vestuario de Riazor tiene argumentos de sobra para ilusionar a cualquiera. El extremo catalán, que firma hasta 2028, llega libre tras una década en la Premier League y con una recomendación de peso en la mochila: la de su viejo amigo Pierre-Emerick Aubameyang.
En su puesta de largo ante los medios, Adama desveló que el delantero gabonés fue el gran culpable de que hoy esté en A Coruña. «Hablé con Auba, me aconsejó y me dijo lo bueno e interesante del proyecto, y eso me convenció», confesó el futbolista de 30 años. Tras un verano largo en el que apuró sus opciones de seguir en Inglaterra, la llamada del Dépor en la última semana de mercado desbloqueó una operación laboriosa que devuelve a España a uno de los extremos más físicos y verticales del panorama europeo.
Un perfil que le urgía a Hidalgo
Vamos a ser claros: a este Dépor le faltaba un cuchillo por la banda derecha. El técnico, Hidalgo, cuenta con una plantilla repleta de peloteros de muchísima calidad, pero la mayoría prefiere el balón al pie o arrancar desde la izquierda a pierna cambiada. Adama es todo lo contrario. Es la vieja escuela del extremo: desborde, velocidad pura, línea de fondo y centro con su pierna natural.
Yo esto lo veo como una bendición táctica para el entrenador, porque su llegada soluciona varios rompecabezas de un plumazo. Para empezar, permite que Altimira regrese a su hábitat natural en el lateral derecho, liberándolo de tener que doblar como atacante improvisado. Además, ofrece una alternativa brutal para jugar a campo abierto, asociándose con el talento de Yeremay en el otro costado y buscando la cabeza o el desmarque de Aubameyang en el área. No es solo un fichaje de relumbrón para vender camisetas; es una pieza de puzle que encaja a la perfección en la pizarra.
El semáforo verde lo tiene el GPS
Ahora bien, no esperemos ver a Adama volando por la banda este fin de semana sin pasar antes por el taller. Él mismo ha reconocido que le falta ritmo competitivo tras un verano entero entrenando en solitario. Aunque ya trabaja con el grupo en Abegondo, su debut no se va a forzar lo más mínimo. «Mi sensación es que estoy bien, pero ahora no depende de mí. Dependerá del GPS, de los esprints, de las carreras y del porcentaje en el que esté», explicó con total honestidad.
Hidalgo ya tuvo que dejarlo fuera de la convocatoria ante el Valencia por este motivo. La Premier League exige un despliegue físico tremendo, pero Adama sabe que LaLiga es otra historia. Según su propio análisis, el fútbol inglés es más directo, de idas y venidas constantes, mientras que en España impera el control del juego. Esa pausa táctica puede venirle de perlas para dosificar sus esfuerzos, evitar lesiones y ser mucho más determinante en el último tercio del campo.
Destino, veteranía y reencuentros en Riazor
La historia de Adama con el Dépor viene de lejos. De hecho, el catalán recordó que el conjunto gallego fue uno de sus primeros rivales cuando apenas era un chaval que debutaba con el filial del Barcelona. «Parece que era cosa del destino», apuntó con una sonrisa durante su presentación. Tras vestir la camiseta de la selección española en ocho ocasiones y acumular kilómetros en clubes como Aston Villa, Wolverhampton, Fulham y West Ham, el extremo regresa a España buscando estabilidad y un rol protagonista que en Inglaterra, a menudo, se limitaba al de revulsivo agitador de segundas partes.
En Riazor compartirá vestuario con caras nuevas y muy ambiciosas. El Dépor ha hecho un esfuerzo titánico este verano para confeccionar la plantilla, sumando a hombres como Angeliño, Leo Román o el propio Aubameyang. El objetivo está claro: consolidar un bloque competitivo que devuelva la alegría a una afición que, como el propio Adama destacó tras ver el ambiente del estadio el otro día, está empujando con fuerza.
La maquinaria ya está en marcha. Ahora solo queda que los preparadores físicos den el visto bueno para que el dorsal 17 empiece a devorar metros por la banda derecha. El proyecto ilusiona, sí, pero la hora de la verdad se juega sobre el césped.

















