Nicolás Larcamón tiene claro que el partido de este domingo ante el Eldense es clave para que el Sporting de Gijón se haga fuerte en El Molinón. En rueda de prensa, el técnico argentino destacó que afrontan una oportunidad de oro para enganchar a la afición, a pesar del caos institucional y deportivo que vive su rival.
El Sporting encara su cuarto partido como local en apenas cinco jornadas, un arranque de calendario curioso que de momento nos deja un balance de una victoria, un empate y una derrota en Gijón. Para Larcamón, el objetivo va más allá de los tres puntos: busca asentar un estilo. «Tengo la ambición de que El Molinón sea una fiesta el domingo», comentó el técnico, que prefiere aislarse del ruido que rodea al Eldense tras el despido de su entrenador, Claudio Barragán, y los rumores sobre la compra del club por parte de Leo Messi.
El factor sorpresa en el banquillo rival
A mí, como futbolero, estas situaciones me resultan fascinantes y peligrosas a partes iguales. Preparar un partido contra un equipo que acaba de echar a su entrenador es como jugar al póker a ciegas. El Eldense llega a Gijón con Josep Ferrando de forma interina, lo que rompe todos los esquemas de análisis previos que tuviera el cuerpo técnico del Sporting.
Larcamón lo reconocía sin rodeos en Mareo: la salida de Barragán distorsiona la información. Cuando hay un relevo en el banquillo, los jugadores suelen activarse para ganarse el puesto con el nuevo jefe, y los automatismos tácticos pueden cambiar por completo. El Eldense venía mostrando un perfil muy reactivo, fuerte en bloque medio y bajo, un hueso duro de roer que ya le ha rascado puntos a los de arriba. Ahora, con Ferrando al mando provisional, es una incógnita si mantendrán esa timidez defensiva o buscarán algo más alegre.
Para el Sporting, la receta contra esta incertidumbre es mirarse al espejo. Larcamón insiste en que la propuesta rojiblanca debe imponerse por encima de lo que proponga el rival. Hemos visto tramos de juego muy interesantes, sobre todo contra el Girona, con una presión alta asfixiante y transiciones muy verticales. Sin embargo, el gran caballo de batalla de este equipo sigue estando en el último tercio de campo. Falta esa pausa y esa finura para que el último pase no se pierda en la nada.
El rompecabezas de la enfermería de Mareo
Más allá de la pizarra, el técnico argentino tiene que gestionar el estado físico de su plantilla, y aquí hay una de cal y otra de arena. La buena noticia de la semana la firma Manu Rodríguez. El centrocampista ya trabaja al mismo ritmo que sus compañeros y, si las sensaciones tras la última sesión del sábado son buenas, podría colarse en la convocatoria. Su regreso daría un soplo de aire fresco a la medular, aportando equilibrio en un tramo de la temporada donde las piernas empiezan a pesar.
La cruz de la moneda es Gaspar. Con él, Larcamón ha decidido aplicar el manual de la máxima prudencia. Al tratarse de una reincidencia en su lesión, el cuerpo médico no quiere correr el más mínimo riesgo. «Hoy lo que necesitamos de él es un regreso concreto y seguro», explicó el míster. Forzar a un jugador clave en la jornada cinco para perderlo tres meses no tiene sentido. El plan es claro: paso firme y sin prisas. Se calcula que en unas dos o tres semanas Gaspar podría estar ya integrado con el grupo de forma definitiva.
El partido del domingo a las cuatro de la tarde es de esos que marcan el ritmo de un proyecto. Jugar en casa ante un recién ascendido herido en el orgullo siempre es un arma de flujo inestable. No fue sencillo ante el Sabadell ni frente al Tenerife, y este Eldense, envuelto en su propia transición corporativa, no va a regalar absolutamente nada. El Sporting necesita que su feudo ruge y que la pegada aparezca de una vez por todas.

















