El Sevilla de Luis García Plaza ya tiene hoja de ruta para su exigente visita a Riazor. El técnico madrileño ha decidido no tocar lo que funcionó en la última jornada y repite exactamente la misma lista de 24 futbolistas que se midieron al Valencia. Un viaje clave a La Coruña para medirse a un rival directo en un escenario siempre complicado.
La expedición andaluza vuela hacia tierras gallegas con la confirmación de que la estabilidad es ahora mismo la prioridad absoluta del cuerpo técnico. En la lista vuelven a figurar nombres propios como Juan Iglesias, Fofana o el joven Robbie Ure, retratados ya en el aeropuerto listos para la batalla. Sin embargo, la noticia también está en los que se quedan en tierra, ya que la enfermería no termina de dar tregua a García Plaza para este compromiso intersemanal. Las bajas de Arouna Sangante y Rubén Vargas obligan al preparador a estirar la rotación con los mismos hombres que terminaron exhaustos el último fin de semana.
¿Por qué repetir bloque ante un Dépor invicto?
Yo esto lo veo claro: cuando encuentras un grupo que asimila lo que pides, lo mejor es no agitar demasiado la coctelera. El Sevilla visita a un Deportivo de la Coruña que ha arrancado la temporada con el viento a favor. El propio García Plaza lo analizaba así en rueda de prensa: «Está invicto porque está haciendo las cosas muy bien». Riazor va a apretar de lo lindo, y ante un rival con esa inercia positiva, los experimentos suelen salir caros. Para rascar algo de allí, el plan pasa por mantener la identidad que el equipo ha empezado a lucir en sus mejores tramos de juego.
El técnico insiste en que el Sevilla debe crecer desde la presión alta. Para morder arriba necesitas piernas, pero sobre todo sincronización. Si cambias cuatro o cinco piezas de golpe, los automatismos se resienten y la presión se convierte en un colador. Al repetir la convocatoria, García Plaza manda un mensaje de confianza absoluto a su guardia pretoriana. Hombres de peso como Juan Iglesias, que aporta ese poso tan necesario en las transiciones, o la energía de Kochorashvili y Agoumé en la sala de máquinas, serán vitales para desactivar la salida de balón del conjunto gallego.
El rompecabezas médico: Vargas y Sangante, entre algodones
Lo que no ha podido solucionar el cuerpo técnico es el capítulo de bajas, que empieza a condicionar las rotaciones en un tramo del calendario bastante apretado. La ausencia de Rubén Vargas sigue doliendo especialmente en la creación ofensiva. El internacional suizo padece una parameniscitis externa en la rodilla derecha, una dolencia incómoda que requiere paciencia. El entrenador se mostró prudente pero optimista de cara al futuro a medio plazo: «Creemos que va bien y que en el parón de tres semanas hará una mini pretemporada y puede estar, ojalá sea así, para la vuelta del parón disponible». Un regreso que se antoja fundamental para dar más dinamismo al ataque sevillista.
El otro nombre propio en la enfermería es Arouna Sangante. El central ya cumplió su partido de sanción tras ver la cartulina roja frente al Espanyol, lo que teóricamente le habilitaba para volver al césped. No obstante, sus problemas de tobillo persisten y le han impedido subirse al avión. Una lástima, porque su poderío físico y su velocidad al cruce habrían venido de perlas para contrarrestar el juego directo de los coruñeses. Sin él, la responsabilidad en el eje de la zaga recaerá de nuevo en la pareja formada por Marcao y Kike Salas, con Castrín esperando su oportunidad en el banquillo.
Con tres guardametas en la citación (Odysseas, Fran González y Rafa Romero) y un arsenal ofensivo liderado por Ejuke, Peque y el joven belga Stassin, el Sevilla busca dar un golpe de autoridad a domicilio. Toca ver si la apuesta por la continuidad da sus frutos en un escenario histórico.

















