El Balón de Oro siempre desata pasiones, pero lo que está pasando en Francia con Kylian Mbappé ya pasa de castaño oscuro. Tras unas declaraciones del delantero del Real Madrid reivindicando sus méritos, varias figuras del entorno mediático francés han estallado contra él, acusándolo de orquestar una campaña descarada para hacerse con el galardón.
La mecha la ha encendido el propio Mbappé al asegurar que sería «una decepción no ganarlo» porque, en su opinión, «no hubo nadie mejor que yo la pasada temporada». Estas palabras no han sentado nada bien en su país natal. El exfutbolista Jérôme Rothen ha sido el más duro en los micrófonos de RMC, llegando a asegurar que si el atacante se lleva el premio «es un chiste» y una «farsa», además de sugerir que el jugador y su entorno están intentando prácticamente «comprar» los votos de los jurados para asegurar el trofeo.
El ruido de la campaña y el divorcio con Francia
Yo esto lo veo venir desde hace tiempo. Ganar el Balón de Oro no es solo cuestión de meter goles el fin de semana; se ha convertido en una carrera política y mediática donde el relato pesa casi tanto como el balón. Mbappé sabe que su año colectivo no ha sido el más brillante, pero confía en que sus números individuales tanto en el Real Madrid como en la selección francesa le sirvan de trampolín. El problema es que, cuando fuerzas tanto la máquina para convencer al mundo de que eres el mejor, corres el riesgo de generar el efecto contrario. Y eso es exactamente lo que le está pasando en Francia.
Allí, el idilio con Kylian hace tiempo que muestra grietas muy serias. Su salida del Paris Saint-Germain y el constante ruido a su alrededor han terminado por cansar a una parte importante de la opinión pública y de la prensa gala. No es solo Rothen quien se ha plantado de manera tan vehemente. El conocido periodista Daniel Riolo también ha criticado con dureza esta estrategia, admitiendo que, aunque entiende el objetivo final, «el fin no justifica los medios». Riolo apunta que ganar el trofeo de esta manera, construyendo el éxito a base de presión mediática, le dejaría «un sabor amargo». Es una radiografía perfecta de cómo se percibe la ambición del delantero en su propia casa: como una obsesión que a veces resulta incómoda de ver.
Rothen fue incluso más allá en sus ataques, asegurando que no son solo voces externas las que critican esta actitud. Según el exjugador, «los grandes también piensan lo mismo de él», lo que confirmaría que dentro del propio mundillo del fútbol profesional hay cierta fatiga con el «clan Mbappé» y su empeño innegociable en que Kylian levante el galardón sí o sí. Esta percepción de que se está forzando la maquinaria para inclinar la balanza a su favor está haciendo mella en su reputación.
¿Cómo afecta esto al Real Madrid y al jugador?
En el vestuario del Real Madrid conocen de sobra cómo funciona la presión por estos premios individuales. Históricamente, el club blanco sabe arropar a sus estrellas en estas batallas, pero también es verdad que tanta sobreexposición puede descentrar al futbolista en el momento menos oportuno. A Mbappé se le exige el máximo en cada partido de blanco, y tener que defender constantemente su candidatura fuera del campo añade un extra de tensión innecesario a su día a día.
Al final, el fútbol se juega en el verde. Las campañas de comunicación pueden empujar un voto indeciso, pero lo que de verdad convence a los puristas son las noches de Champions y los goles decisivos cuando las papas queman. Mbappé corre el peligro de que, si finalmente levanta el galardón, se hable más de la «farsa» y del «chiste» que de su indiscutible calidad técnica. Para un futbolista tan obsesionado con su legado histórico, ese sabor amargo del que habla la prensa francesa podría empañar el que se supone que debe ser el día más feliz de su carrera profesional.
Veremos cómo reacciona el delantero en el campo y si esta tormenta en su país espolea su rendimiento o, por el contrario, le pesa en las botas en los próximos compromisos con el Real Madrid. La carrera por el trono mundial está más caliente que nunca, y no precisamente por lo que pasa dentro del área.




















