Unai Emery volvió a pisar el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán este viernes, y lo hizo para recibir el calor de una afición que no olvida. Al mando de su Aston Villa, el técnico vasco regresó a Nervión para disputar el XV Trofeo Antonio Puerta, un reencuentro cargado de nostalgia, abrazos con viejos conocidos y tres Copas de la UEFA sobre el verde.
El partido en sí, que sirvió para que los ingleses se llevaran el trofeo tras remontar un gol inicial de Isaac Romero, acabó siendo casi lo de menos. Lo gordo ocurrió antes del pitido inicial. Con 31.410 espectadores en las gradas, el Sánchez-Pizjuán se rompió las manos a aplaudir cuando Emery asomó por la escalera del vestuario local. «Sevilla me enseñó muchas cosas, me hizo mejor entrenador, me hizo mejor persona», confesó un emocionado Unai, que no ocultó lo especial de una cita donde se le vio tan intenso en la banda como de costumbre, a pesar del carácter amistoso del choque.
La huella de un ciclo irrepetible y el contraste actual
Yo esto lo veo claro: el fútbol tiene memoria, aunque a veces parezca que se le olvida a las primeras de cambio. Lo que Emery construyó en Nervión entre 2014 y 2016 con esas tres Europa League consecutivas es una de las páginas más brillantes de la historia del club. Volver diez años después de su marcha y encontrarse con ese nivel de comunión demuestra que el sevillismo sabe valorar a quienes se dejaron la piel por el escudo. El homenaje no fue un mero trámite; fue un acto de justicia poética para un entrenador que es historia viva de la competición europea.
Sin embargo, la cita también sirvió para poner el espejo frente a la realidad actual de la entidad. El propio Emery, que conoce las entrañas de Nervión como pocos, no esquivó la situación que atraviesa el Sevilla hoy en día y dejó un diagnóstico tan sincero como doloroso al admitir que siente «pena al ver esa desunión» que rodea al club. En un momento de transición y dudas deportivas, ver de cerca los tres trofeos continentales y recordar cómo se forjó aquella mentalidad ganadora debería servir de lección y estímulo para el vestuario actual. No se trata solo de mirar al pasado con nostalgia, sino de recordar el camino para volver a ser competitivos.
Un pasillo de campeones en el césped de Nervión
El club no escatimó en detalles para que la noche fuera redonda. Sobre el césped esperaban las tres copas de la Europa League que el de Hondarribia levantó de forma consecutiva, flanqs por un grupo de futbolistas que hicieron posible aquella gesta. Hombres como Jesús Navas, Álvaro Negredo, Javi Varas, Coke, Federico Fazio, Vicente Iborra, Sergio Rico, Diogo Figueiras y Nico Pareja saltaron al campo para fundirse en un abrazo con su antiguo míster. Jesús Navas, ejerciendo de capitán, le entregó un cuadro conmemorativo diseñado por Kato Art que retrata una de esas noches mágicas de gloria continental.
La grada de Gol Norte se sumó a la fiesta con una pancarta muy clara: «Trabajo, mentalidad y pasión. Ongi etorri Unai». Además, los cánticos de «y es que yo sin ti, Emery, no podría yo ser feliz» volvieron a retumbar en el estadio como en los mejores tiempos. Emery no estuvo solo en el homenaje; lo acompañaron sus inseparables auxiliares de aquella etapa —Víctor Mañas, Pablo Villa y Moisés del Hoyo—, quienes hoy siguen formando parte de su cuerpo técnico en Inglaterra. Fue un tributo colectivo a un grupo de trabajo que enseñó a Nervión a ganar por costumbre.
El Aston Villa se llevó el trofeo a Birmingham, pero la verdadera victoria de la noche fue el reencuentro de una afición con el técnico que los hizo eternos. A partir de ahora, al Sevilla le toca canalizar esa energía nostálgica para enderezar el rumbo en la competición doméstica.




















