Carles Pérez y el RC Celta de Vigo han separado sus caminos de forma definitiva. El extremo catalán se ha desvinculado del club gallego en los últimos compases del cierre de mercado de fichajes, rescindiendo el año de contrato que todavía le unía a la entidad viguesa tras una trayectoria llena de idas y venidas.
La operación se resolvió sobre la bocina, poniendo fin a una relación de cuatro temporadas en la que el futbolista solo vistió de celeste la mitad del tiempo. En total, el jugador acumuló 57 partidos oficiales y 8 goles con el club vigués, pero su peso en el equipo fue de más a menos hasta convertirse en un descarte absoluto para el cuerpo técnico en este arranque de curso.
El desenlace de una historia que se veía venir
Yo esto lo veo como la crónica de un divorcio anunciado. Cuando un futbolista pasa los dos últimos años de su contrato cedido en el Getafe y en el Aris de Salónica, está claro que el billete de vuelta no viene con alfombra roja. El fútbol profesional es así de frío: si no entras en los planes del entrenador, el tiempo corre en tu contra y el banquillo se hace de cemento.
La pretemporada ya nos dejó las pistas definitivas sobre su situación. El técnico Claudio Giráldez no lo convocó para un solo amistoso veraniego y, cuando empezó lo serio, Carles se quedó fuera de la lista en las tres primeras jornadas de Liga. Un descarte técnico de manual. Cuando un entrenador te manda un mensaje tan directo, la realidad es que solo te queda buscar una salida para no pasar un año entero en la grada.
Al final, rescindir el contrato en el último suspiro del mercado ha sido la solución más lógica para las dos partes. El club vigués libera una ficha y alivia su masa salarial, mientras que el extremo catalán consigue la carta de libertad para decidir su futuro deportivo sin las ataduras de un contrato que ya no tenía sentido para nadie.
Un rendimiento de más a menos en Balaídos
Si echamos la vista atrás, la aventura de Carles Pérez en Vigo tuvo dos caras muy distintas. Su primera temporada fue bastante buena, mostrando esa verticalidad y desborde que le caracterizan. Sin embargo, en la segunda campaña su participación cayó en picado, lo que desencadenó esa sucesión de préstamos que le alejaron definitivamente de los planes de la dirección deportiva.
El club se despidió del futbolista con el clásico comunicado de agradecimiento por su etapa como céltico y deseándole suerte de cara al futuro. Ahora, con un mercado de fichajes en el que el director deportivo Marco Garcés ya avisó que se estarían moviendo hasta el final, el Celta pasa página definitivamente.
Con la plantilla ya perfilada para el resto del curso, y tras haber utilizado ya a 20 futbolistas en este inicio de campeonato, el equipo se centra en lo puramente deportivo. Para Carles Pérez toca resetear, hacer las maletas y buscar un nuevo destino donde volver a ganarse los minutos sobre el césped. Estaremos atentos a dónde decide arrancar su próxima etapa.

















