El Barcelona se llevó los tres puntos del Ciutat de València tras derrotar por 2-4 al Levante en un partido que parecía resuelto y acabó en taquicardia. Los de Hansi Flick dominaban plácidamente por 0-3 gracias a un doblete de Lamine Yamal, pero una desconexión en el tramo final permitió la reacción granota antes de que Karim Adeyemi sentenciara en el descuento.
Yo siempre digo que en el fútbol contemporáneo no te puedes echar la siesta ni cinco minutos. El Barça salió como un ciclón y antes del minuto 20 ya mandaba por partida doble en el marcador. El segundo golpe lo firmó Lamine Yamal en el 19, poniendo tierra de por medio. Al arrancar la segunda mitad, el propio Lamine volvió a frotar la lámpara para hacer el 0-3 en el 48. Parecía que el pescado estaba completamente vendido. Sin embargo, el Levante tiró de orgullo. Iván Romero recortó distancias en el 79 y Roger Brugué metió el miedo en el cuerpo a los culés con el 2-3 en el 88. Tuvo que aparecer Adeyemi en el 93 para firmar el definitivo 2-4 y apagar el incendio.
La autocrítica de Flick y el factor Xavi Espart
Aquí es donde se ve la mano de un entrenador de nivel. En lugar de sacar pecho por la victoria y mirar hacia otro lado, Hansi Flick asumió la responsabilidad del momento más delicado del encuentro. El técnico alemán se referirió directamente al error del joven canterano Xavi Espart, un fallo que costó uno de los goles del Levante, y no dudó en proteger a su futbolista ante la prensa. «Dije que esperábamos y…», comentó el míster, asumiendo la culpa de la orden táctica que propició la jugada.
A mí esto me parece de manual. Un vestuario se gana así, protegiendo a los chavales cuando el viento sopla de cara pero la lías en el campo. Espart cometió un error, sí, pero señalarlo en público habría sido cavar su fosa mental. Flick prefiere que los palos vayan a su espalda. En lo puramente deportivo, este despiste defensivo demuestra que la zaga azulgrana todavía tiene costuras por coser cuando el rival aprieta alto y con fe.
¿Qué significa este resultado para el Barça?
Mirando la tabla, tres puntos son tres puntos y ganar en Orriols siempre es una gran noticia. Pero yo esto lo veo así: el Barça tiene ahora mismo dos caras muy marcadas. Por un lado, una pegada descomunal. Si dejas recibir a Lamine Yamal con espacios, estás muerto. Su capacidad para definir el rumbo de un partido a su corta edad sigue siendo de otra galaxia. El chaval no solo tiene desborde, tiene una lectura del juego impropia de su DNI.
Por el otro lado, la mandíbula del equipo sigue siendo algo blanda cuando se relajan. Pasar de un 0-3 cómodo a rozar el empate en apenas diez minutos es un síntoma de falta de madurez competitiva que en citas europeas se paga con la eliminación. Flick tiene tarea en los entrenamientos semanales. La presión tras pérdida funcionó de maravilla durante la primera hora, pero cuando las piernas empezaron a pesar y se hicieron las rotaciones, el bloque se agrietó demasiado fácil.
Para el Levante, la lectura es agridulce. Se van sin puntos, pero con la cabeza muy alta. Lograron someter al Barça en el tramo final a base de empuje y fe, demostrando que en su estadio van a morder a cualquiera. Iván Romero y Roger Brugué demostraron que el equipo tiene alma y recursos para poner en aprietos a los transatlánticos del campeonato.
Adeyemi apaga las alarmas
El tramo final fue un auténtico correcalles, de esos que encantan al espectador neutral pero destrozan el hígado de los entrenadores. Con el 2-3 en el luminoso, el Ciutat de València empujaba de lo lindo buscando una gesta heroica. Fue ahí cuando Karim Adeyemi tiró de galones y velocidad en el minuto 93 para cazar una contra letal y batir la portería rival, firmando el 2-4 definitivo.
Este gol de Adeyemi no es un tanto cualquiera. Es un bálsamo de tranquilidad absoluto para encarar los próximos compromisos. Ganar sufriendo también enseña, pero ganar sufriendo y encima llevarte los tres puntos a casa te permite corregir los errores con una sonrisa en la boca.
A partir de ahora, habrá que ver si Flick ajusta las rotaciones defensivas para evitar estas desconexiones o si el Barça sigue apostando todo a su tremendo caudal ofensivo. La pegada está ahí, pero el equilibrio defensivo será el que dicte sentencia esta temporada.

















