El Barça de Hansi Flick llega a Mestalla con el acelerador a fondo, buscando consolidar su liderato y hurgar en la herida de un Valencia en horas bajas. Con un pleno de victorias y un Raphinha desatado, los azulgranas quieren aprovechar el tropiezo del Real Madrid ante un rival obligado a reaccionar en su propio feudo.
La máquina culé funciona como un reloj en este inicio liguero: tres partidos, tres victorias, 12 goles a favor y solo dos en contra. Gran parte de la culpa la tiene Raphinha, actual Pichichi, que busca encadenar su cuarta jornada consecutiva marcando. Por si fuera poco, Flick ha despejado las dudas sobre Lamine Yamal: «Lamine estará en Valencia y podría ser titular, sólo tiene un golpe». Al otro lado está el Valencia de Corberán, que apenas suma un punto y navega en el siempre tormentoso mar social de Mestalla, aunque se aferra al recuerdo de haber tumbado al Barça en la última jornada del curso pasado.
El factor Raphinha y la pizarra de Flick
A mí lo que más me está llamando la atención de este Barça no es solo que gane, sino la insultante superioridad con la que lo hace. Flick ha caído de pie en el banquillo y ha sabido tocar las teclas exactas. El caso de Raphinha es para estudiarlo en las escuelas de entrenadores. El brasileño ya no es ese extremo encorsetado en la banda que a veces parecía chocar contra un muro; ahora se mueve con una libertad por el carril central que desarma a cualquier sistema defensivo. Actuando por dentro, con llegada y colmillo, se ha convertido en el auténtico motor del equipo.
Y luego está el tema de Lamine Yamal. Que un chaval de su edad asuste a todo el barcelonismo por un simple golpe en el último encuentro te dice el peso que tiene ya en este vestuario. Pero Flick ha sido inteligente y ha querido apagar el fuego rápido: no hay drama, viaja y apunta al once titular. Con ellos dos enchufados, el Barça propone un ritmo de juego vertical, casi asfixiante, que busca transiciones rápidas. Es un fútbol muy directo, de transiciones letales, que no te deja respirar. Si a eso le sumas que vienen con la moral por las nubes tras el pinchazo del Real Madrid, la oportunidad de abrir brecha en la clasificación es de las que no se pueden dejar escapar tan temprano en el campeonato.
Mestalla busca aire en plena tormenta
En la otra acera, la situación pinta bastante más gris. El Valencia de Corberán llega con el agua al cuello tras sumar un único punto de nueve posibles. Mestalla es una caldera, y no precisamente para empujar al equipo, sino por el enrarecido ambiente institucional que rodea al club y que termina contagiando al césped. El propio técnico ya ha dejado caer su frustración con la planificación de la plantilla tras el cierre del mercado: «No tiene sentido centrarme en lo que podría o debería haberse hecho», comentó resignado. Toca remar con lo que hay en el barco, que ahora mismo no es mucho.
Para el conjunto che, este partido es una trampa de doble filo. Por un lado, recibir al líder en este estado de forma asusta a cualquiera y puede acabar en goleada si no entras concentrado desde el minuto uno. Por el otro, no hay mejor escenario para dar un golpe sobre la mesa, reconciliarse con su gente y cambiar la dinámica de golpe. Ya lo hicieron en el cierre de la temporada pasada, cuando lograron doblegar a los azulgranas. Para repetir la gesta, necesitarán un partido perfecto en defensa y, sobre todo, saber sufrir sin el balón, algo que ante este Barça se paga muy caro.
Un historial reciente que asusta
Si miramos los antecedentes de los últimos años, a los aficionados valencianistas les puede entrar un sudor frío. En los últimos cinco enfrentamientos directos entre ambos equipos, el Barcelona ha destrozado las defensas ches con un total de 21 goles. Estamos hablando de una media de más de cuatro goles por partido. Una auténtica barbaridad que refleja la facilidad con la que los culés le tienen tomada la medida a este clásico de nuestro fútbol.
Con estos números sobre la mesa, el planteamiento táctico de Corberán tendrá que ser extremadamente minucioso. No se puede salir a pecho descubierto contra un equipo que te castiga cada pérdida en salida de balón. El Barça actual te somete, te desgasta físicamente y, cuando te quieres dar cuenta, ya te ha vacunado dos veces. El Valencia necesitará recuperar la solidez defensiva que siempre ha caracterizado a los equipos del técnico si quiere tener alguna opción de rascar algo positivo.
Veremos si el Valencia es capaz de levantar un muro en Mestalla o si el Barça de Flick sigue con su paso triunfal y consolida un liderato que empieza a ponerse muy serio en este arranque de temporada. La respuesta, como siempre, sobre el verde.

















