Ousmane Dembélé ha desatado la primera gran tormenta dialéctica antes de la entrega del Balón de Oro 2026. El extremo del PSG, actual poseedor del galardón, ha revelado sus tres favoritos para s컞rle en el trono de Londres el próximo 26 de octubre, dejando fuera de la terna a Lamine Yamal a pesar de su histórico año.
El «Mosquito» no se ha andado con rodeos en una entrevista concedida a France Football. Para el francés, el premio tiene que quedarse en el Parque de los Príncipes, pero abre la veda a la sorpresa en su podio de elegidos: «No creo que este trofeo esté en duda. Creo que se quedará en manos de un jugador del PSG. ¿Mis tres favoritos? Un poco revueltos: Kvaratskhelia, Harry Kane, que tuvo una temporada buenísima, y creo que Kylian Mbappé». Lo más llamativo, más allá de obviar a la joven estrella del Barça, es que Dembélé se descarta por completo a sí mismo: «¿Yo? ¡Para nada! Nunca me pongo en esas situaciones. Nunca voto por mí mismo. Si tuviera que votar, no lo haría», aseguró el atacante de 29 años.
El dilema entre París y el Mundial de Lamine
Yo esto lo veo como el eterno debate de qué pesa más en el fútbol moderno: la regularidad y los títulos de club frente a la gloria máxima de un Mundial. Dembélé barre para casa, y en parte es lógico. Al final, el PSG viene de levantar su segunda Champions League consecutiva, un hito tremendo que coloca a hombres como Khvitcha Kvaratskhelia en el escaparate de los elegidos. Si compartes vestuario con «Kvara» todos los días, es normal que le veas hacer cosas de crack mundial en cada entrenamiento.
Pero claro, rascas un poco y la ausencia de Lamine Yamal en esa terna chirría bastante. Estamos hablando de un chaval que, con el ’10’ a la espalda, ha liderado a España para coronarse campeona del mundo en Estados Unidos, además de levantar la Liga y la Supercopa de España con el Barcelona. El propio Dembélé no es ajeno a esto; de hecho, reconoce que su excompañero ha firmado una «temporada increíble». Sin embargo, a la hora de la verdad, prefiere mirar hacia su propio jardín o hacia la espectacular campaña goleadora de un clásico como Harry Kane.
Esta decisión de Dembélé refleja una corriente de opinión muy marcada en el fútbol francés. Mientras que en España se da casi por hecho que el Mundial de Lamine debería pesar más que cualquier otra cosa en un año de máxima cita internacional, en París se prioriza el dominio europeo del PSG. Es una guerra de méritos donde cada uno defiende sus cartas.
La batalla final en Londres
La gala del 26 de octubre en Londres se presenta como una de las más abiertas de los últimos tiempos. No tenemos un dominador absoluto que ponga de acuerdo a todo el planeta, lo que abre el abanico a debates infinitos en las semanas previas. Por un lado, está el bloque del PSG, avalado por su hegemonía en la Champions; por otro, la armada española que tocó el cielo en el Mundial.
Que Dembélé meta a Kylian Mbappé en la ecuación también tiene su miga. El delantero del Real Madrid siempre está en las quinielas por su peso específico y su capacidad para decidir partidos por pura inercia, aunque este año la competencia sea feroz. Lo que queda claro es que el actual Balón de Oro prefiere ver los toros desde la barrera y no cargarse con la presión de revalidar el título, dejando que sean otros los que se peleen por el foco mediático.
Al final, esto va de gustos y de cómo valores el peso de un torneo de un mes frente a la regularidad de toda una temporada. La campaña de declaraciones ya ha empezado fuera del campo, y las palabras de Dembélé son solo el primer gran debate de una votación que promete emoción hasta el último segundo.
Habrá que esperar a la ceremonia de Londres para ver si el fútbol premia la hazaña de Lamine Yamal o el imperio parisino que defiende Dembélé.

















