La Real Sociedad ha encarrilado con autoridad su visita al Martínez Valero tras irse al descanso con un cómodo 0-2 frente al Elche. Los goles de Ochieng y Yangel Herrera castigaron la falta de contundencia de un conjunto ilicitano que perdonó sus mejores ocasiones y acabó pagando muy caros sus errores defensivos.
A mí me habréis escuchado mil veces decir que en esta categoría los regalos se pagan a precio de oro, y hoy al Elche le ha tocado aprenderlo por las malas. El partido arrancó con ritmo, con un Germán Valera muy incisivo que le buscó las cosquillas al debutante Sarr en la zaga donostiarra. Sin embargo, la pegada de la Real Sociedad enfrió rápido el ambiente en el minuto 11. Tras un saque de esquina despejado por Dituro, Carlos Soler volvió a meter el balón al corazón del área y el keniata Ochieng, libre de marca por un despiste general de la defensa local, se estrenó como goleador txuri-urdin con un latigazo seco. El Elche no se arrugó y, liderado por un eléctrico Facundo Buonanotte, rozó el empate con un disparo lejano que atrapó Marrero y, sobre todo, con un remate alto de Ponce tras una gran dejada de Fer Niño. Pero cuando mejor estaban los de Martín Anselmi, llegó el desastre: un mal control de Bigas propició el robo de Ochieng, que asistió atrás para que Yangel Herrera definiera por debajo del cuerpo de Dituro, que pudo hacer bastante más.
El peaje de perdonar ante la jerarquía donostiarra
La lectura que yo hago de esta primera mitad es muy clara: la efectividad y la madurez competitiva mandan en el fútbol moderno. El planteamiento de Anselmi con el Elche tenía sentido y, por momentos, logró meter en apuros a la Real. Buonanotte se movió de maravilla entre líneas para darle dinamismo al ataque franjiverde, y la conexión con Gonzalo Villar y Germán Valera funcionó bastante bien en fase de creación. El problema es que en el área rival hay que morder, y el Elche perdonó sus opciones más claras.
Enfrente, la Real Sociedad de Pellegrino Matarazzo demostró por qué es un equipo de un escalón superior. Supo replegarse y sufrir cuando el Martínez Valero apretaba, y castigó con una frialdad tremenda cada concesión. El debut de Sarr en el eje de la zaga, escoltado por Zubeldia, le dio solidez al bloque a pesar de la insistencia local. Además, los donostiarras demostraron tener una segunda unidad muy ench, algo vital teniendo en cuenta que llegaban con las bajas por lesión de Álvaro Odriozola y Pablo Marín.
Ochieng reclama su sitio y el Elche acusa las ausencias
Si tengo que destacar un nombre propio de estos primeros cuarenta y cinco minutos, ese es sin duda el de Ochieng. El centrocampista keniata no solo anotó su primer gol con la camiseta de la Real Sociedad con un disparo lleno de convicción, sino que además exhibió una lectura defensiva espectacular al presionar la salida de Bigas en el segundo tanto. Su actuación es una excelente noticia para Matarazzo, que necesita que sus hombres de rotación den este paso al frente para mantener el nivel competitivo del grupo.
Para el Elche, la situación se pone muy cuesta arriba. El equipo ilicitano, que ya arrastraba las bajas sensibles de Yago Santiago y Adam Boayar, se topó con la cruda realidad de la que hablaba Anselmi en la previa: la tremenda jerarquía de la Real. Aunque la propuesta ofensiva de los locales es atractiva, la fragilidad defensiva en momentos puntuales y la falta de contundencia en portería propia —el error de Dituro en el segundo gol dolió especialmente— son un lastre demasiado pesado en Primera División.
Con el 0-2 en el marcador, la segunda parte obligará a Anselmi a arriesgar más, lo que podría dejar espacios para que la Real sentencie a la contra. Estará por ver si Matarazzo decide dar minutos a Take Kubo, de quien desveló en la previa haber tenido una charla para recuperar su mejor versión. De momento, la Real Sociedad tiene el partido exactamente donde quería, y el Elche necesitará una reacción épica para rascar algo positivo.

















