La venta del Granada CF vuelve a estar en el congelador. Han pasado ya dos meses desde la detención en China de Ai Luming, el fundador del grupo Dangdai y máximo propietario del club, y el proceso de traspaso a un grupo de inversores estadounidenses sigue completamente encallado en un laberinto burocrático.
La detención de Luming el pasado 8 de julio, acusado de una presunta apropiación indebida de fondos públicos en su país, ha sido el último y más pesado palo en las ruedas de una operación que ya venía con retraso. Los compradores norteamericanos esperaban tener las llaves de las oficinas de Los Cármenes entre mayo y junio, pero el tablero saltó por los aires. A pesar del frenazo, el presidente de LaLiga, Javier Tebas, se muestra optimista y asegura que «la detención puede afectar pero no lo suficiente; puede retrasar la operación, pero tarde o temprano se resolverá, estoy seguro». Según el dirigente, lo que falta por resolver son meros flecos burocráticos.
¿Qué significa este parón para el Granada?
Yo esto lo veo con una mezcla de resignación y preocupación. No es la primera vez que en Granada se vive un verano de «que vienen los americanos» que luego se queda en agua de borrajas. El problema es que, mientras los despachos están paralizados por un lío judicial a miles de kilómetros de distancia, el día a día del club no se detiene. Y en el fútbol, el que se duerme, se lo lleva la corriente.
Esta parálisis institucional tiene un impacto directo en lo deportivo. La inestabilidad en la planta noble siempre acaba calando en el césped. De hecho, el valor de la plantilla del Granada sigue una preocupante tendencia a la baja. Cuando un club está en venta y el dueño principal está entre rejas, planificar a medio o largo plazo es una utopía. No hay margen para grandes inversiones, los fichajes se complican y la sensación de provisionalidad lo inunda todo. Es muy difícil convencer a un jugador de nivel para que se suba a un barco cuyo timón nadie sabe muy bien quién va a manejar el mes que viene.
Para la afición granadinista, la situación es un dolor de cabeza constante. El club lleva temporadas encadenando pretendientes que se acercan con la cartera abierta pero que acaban desapareciendo en el último momento. Esta vez parecía la definitiva, el acuerdo con el grupo estadounidense estaba prácticamente encarrilado, pero el factor geopolítico y judicial ha vuelto a congelar las ilusiones de un relevo en la gestión que urge como el comer.
El laberinto de la matriosca china
Si alguna vez habéis intentado desenredar un cable de auriculares que lleva meses en el bolsillo, os podéis hacer una idea de lo que es la estructura de propiedad del Granada. Entre el grupo Dangdai —la empresa matriz del club— y la propia entidad de fútbol de la ciudad de la Alhambra, hay todo un entramado de sociedades intermedias. Es lo que comúnmente llamamos una «matriosca societaria».
La detención de Ai Luming, quien ya arrastraba incontables problemas económicos en los últimos años, complica aún más este escenario. Resolver este enredo legal para que todas las piezas encajen y los nuevos compradores puedan adquirir el club de forma limpia es un auténtico encaje de bolillos. Cada sociedad intermedia tiene sus propias regulaciones y dependencias, y cuando la cabeza de la pirámide cae en desgracia judicial, cada paso administrativo requiere el triple de firmas, tiempo y paciencia. Lo que antes era un trámite de semanas, ahora se convierte en un rompecabezas legal que los abogados de los inversores americanos tienen que mirar con lupa para no encontrarse sorpresas desagradables en el futuro.
Toca armarse de paciencia y esperar que la burocracia internacional no termine por desesperar a los compradores. Habrá que seguir muy de cerca cómo evoluciona la situación procesal en China y si, como dice Tebas, esto es solo un bache temporal o el enésimo capítulo de una venta imposible.

















