A nadie le amarga un dulce, pero en el fútbol de élite, un exceso de azúcar te puede costar muy caro. Giovanni van Bronckhorst lo sabe de sobra y, tras encajar un doloroso 5-1 en el Camp Nou frente al Barcelona, ha querido bajar a los suyos de la nube. Nada de sacar pecho por jugar bien: el Barça está en otra liga.
El debut del Feyenoord en la liguilla de la Champions League fue un baño de realidad. Pese al abultado marcador del pasado miércoles, Hansi Flick regaló el oído a los neerlandeses asegurando que habían desplegado un fútbol fantástico. Pero Gio, perro viejo en esto y con pasado azulgrana, no compra el discurso. En la previa de su partido de Eredivisie contra el PEC Zwolle, el técnico insistió en que «el Barcelona está muy por encima» y aplicó esa máxima tan de vestuario: el halago debilita. Si te conformas con jugar bien mientras te caen cinco, tienes un problema.
¿Elogios sinceros o trampa de vestuario?
Yo esto lo veo muy claro. Cuando un entrenador que te acaba de meter una manita te dice que has jugado de cine, hay que coger el cumplido con pinzas. Van Bronckhorst lo ha detectado al vuelo y ha preferido cortar la complacencia de raíz. «Nosotros no hacemos los cumplidos, Flick no tiene por qué hacerlo», soltó ante los medios. Sabe perfectamente que dar palmaditas en la espalda tras una goleada solo sirve para ablandar al grupo.
El técnico del Feyenoord prefiere la autocrítica al aplauso fácil. Para él, lo único real es el marcador y la distancia que hoy separa a su plantilla de los gigantes del continente. No quiere que sus jugadores se escuden en el «jugamos como nunca y perdimos como siempre». Si el Barcelona está muy por encima, la única receta es trabajar el doble, no recrearse en lo bonito que fue el gol de la honra en un Camp Nou imponente.
El factor Sem Steijn y la gestión del talento
Uno de los nombres propios del duelo en Barcelona fue Sem Steijn. El chaval marcó el único tanto de los de Rotterdam y lo celebró con la rabia y la alegría de quien cumple un sueño en uno de los templos del fútbol mundial. Un momento idílico que, sin embargo, requiere de una gestión fría por parte de su entrenador para que el éxito no se le suba a la cabeza.
Van Bronckhorst se ha mostrado comprensivo pero firme. Entiende perfectamente la euforia del futbolista: «Hizo algo que le permite acercarse al primer equipo», admitió. Pero el mensaje de fondo es de paciencia. Para ganarse la titularidad indiscutible en este Feyenoord no basta con un chispazo de genialidad en una noche de Champions; hace falta constancia, ética de trabajo y el mismo hambre en el barro de la liga doméstica que bajo los focos europeos.
Siete finales por delante
La Champions League estrena formato y cada gol en contra pesa una tonelada, pero el camino es largo. A los de Rotterdam les quedan todavía siete partidos en esta fase de grupos para reconducir la situación y buscar el billete a la siguiente ronda. Van Bronckhorst no tira la toalla, ni mucho menos: «Queremos alcanzar un nivel superior y estamos dedicando toda nuestra energía a ello».
La verdadera prueba de fuego para este Feyenoord no era salir vivo del Camp Nou, sino cómo reacciona ahora. La resaca europea se cura ganando en la Eredivisie, y el PEC Zwolle es el rival perfecto para demostrar si la plantilla ha entendido el mensaje de su técnico o si sigue dándole vueltas a los elogios de Flick.
Toca resetear la mente, guardar los halagos en el cajón y ponerse el mono de trabajo. El fútbol no espera a los nostálgicos.

















