El Real Madrid respira hondo justo a tiempo. Tras un arranque de temporada durísimo marcado por una plaga de bajas constante, José Mourinho recupera efectivos para una semana que puede definir media Liga. Con tres partidos en apenas nueve días en el horizonte, la enfermería blanca por fin da una tregua al técnico portugués.
Hasta ahora, el día a día en Valdebebas parecía más un parte de guerra que una planificación deportiva. Mourinho ha tenido que afrontar los primeros cinco partidos oficiales con una media de siete ausencias por encuentro. Una auténtica barbaridad que limitaba cualquier rotación. En el estreno europeo frente al Inter, la cosa rozó el absurdo: cuando el técnico recuperaba a tres lesionados, perdía a otros tres por sanción. Jugar con un tercio de la plantilla de campo fuera de combate no es sostenible para ningún aspirante a títulos.
El peaje de jugar con lo justo
Yo esto lo veo muy claro: el Madrid ha estado sobreviviendo con el gancho. Cuando tienes en la enfermería a piezas de la talla de Mendy, Rodrygo, Militao o Tchouaméni, no solo pierdes talento sobre el césped; pierdes la capacidad de cambiar el ritmo de los partidos desde el banquillo. Si a esto le sumas las ausencias de Thiago Pitarch, Endrick y el joven Asencio, te queda un panorama desolador. El esfuerzo acumulado por los sanos siempre acaba pasando factura tarde o temprano.
El caso del partido contra el Inter de Milán es el mejor ejemplo de la ley de Murphy que ha sufrido el equipo. Imagina la escena: por fin recuperas efectivos y, justo cuando crees que vas a poder respirar, te quedas sin Eduardo Camavinga, Arda Güler y Bernardo Silva por sanción. Ha sido la tónica de este inicio de curso: una de cal y otra de arena. Jugar al máximo nivel con tantas limitaciones te obliga a hacer encaje de bolillos cada fin de semana.
La buena noticia es que la tormenta parece haber pasado. De cara al próximo compromiso liguero frente al Rayo Vallecano, Mourinho vuelve a contar con Asencio. Es el primer paso de un rearme exprés. En apenas cuatro días, la plantilla ha sumado cuatro «fichajes» de golpe entre recuperados y sancionados que cumplen su castigo. Pasar de tener lo justo para completar la convocatoria a disponer de 22 futbolistas sanos es como agua de mayo para el cuerpo técnico.
La sombra del Barcelona y la gestión de Mourinho
No nos engañemos, la prisa por recuperar efectivos también viene impuesta por la clasificación. El Barcelona ha arrancado fuerte y ya ha puesto tierra de por medio en la tabla. En una Liga tan exigente, donde los detalles deciden campeonatos, regalar puntos en las primeras jornadas por culpa de las lesiones es un lujo que el Madrid no se puede permitir. La presión es máxima y la obligación de no ceder más distancia con los azulgranas obliga a Mourinho a hilar muy fino.
Y creedme, la tregua médica llega en el momento más crítico. El calendario no perdona y el Madrid se enfrenta a una maratón de tres partidos de Liga en apenas nueve días. El gran peligro de este tramo no es solo la acumulación de minutos en las piernas, sino el destino final de este viaje: la visita al Metropolitano para medirse al Atlético de Madrid. Jugar un derbi con los futbolistas clave exhaustos y sin fondo de armario suele acabar en disgusto.
Con 22 jugadores disponibles, el panorama cambia por completo. Mourinho ya no tendrá que exprimir a los mismos once guerreros hasta la extenuación. Ahora puede dosificar esfuerzos, plantear variantes tácticas según el rival y, sobre todo, tener un plan B competitivo en el banquillo. En el fútbol moderno, los partidos los deciden los cambios que entran frescos en la segunda mitad, y el Madrid por fin recupera esa ventaja.
La prueba de fuego empieza ya mismo. Veremos cómo gestiona el técnico la vuelta al grupo de futbolistas clave que aún necesitan ritmo de competición para alcanzar su mejor nivel. El margen de error es cero y la exigencia, máxima. Toca abrocharse los cinturones.

















