Detenidos cuatro jóvenes por disturbios en el Valencia-Barcelona

Detenidos cuatro jóvenes por disturbios en el Valencia-Barcelona

La Policía Nacional ha detenido en Valencia a cuatro jóvenes de entre 18 y 21 años por los graves disturbios ocurridos antes del partido entre el Valencia y el Barcelona de la pasada temporada. Los arrestados están acusados de desórdenes públicos y atentado contra la autoridad tras lanzar botellas, sillas y papeleras a los agentes en los aledaños de Mestalla.

Para ponernos en situación, hay que viajar al pasado 23 de mayo. Todo empezó de maravilla: una manifestación pacífica de la afición valencianista que transcurrió sin un solo roce y que concluyó sobre las siete de la tarde junto al estadio. El problema vino media hora después. Tras el paso del autobús del Valencia, la chispa prendió con varias bengalas y un grupo de exaltados decidió que era buena idea empezar a tirar botellas de cristal, latas, sillas de terrazas y hasta papeleras contra la Unidad de Intervención Policial (UIP). Según fuentes policiales, estos cuatro chicos no solo tiraron de todo, sino que además «alentaron a la masa» a cargar contra los agentes. El resultado de aquella tarde de furia absurda nos llega ahora, meses después, con estas detenciones.

¿Por qué tardan tanto estas detenciones?

A veces nos pensamos que la policía actúa como en las series de televisión, resolviendo el caso antes de que terminen los anuncios. En el fútbol real, las cosas van mucho más despacio. Identificar a alguien en mitad de una masa de miles de personas, con el humo de las bengalas de por medio y capuchas, requiere un trabajo minucioso. Cámaras de seguridad de Mestalla, grabaciones de los propios agentes de la UIP, imágenes de televisión y vídeos de aficionados colgados en redes sociales… Todo se analiza píxel a píxel.

Por eso estas detenciones llegan en septiembre, cuando aquella tarde de mayo ya nos queda casi olvidada en el calendario futbolístico. Es un mensaje claro y directo para los que confunden la pasión con el vandalismo: que te vayas a casa sin que te hayan tocado el hombro ese día no significa que te hayas librado. La matrícula te la toman igual, aunque tarden cuatro meses en ir a buscarte a casa.

El peligro de manchar las protestas legítimas

Yo esto lo veo muy claro. En Valencia hay un descontento social enorme y totalmente comprensible con la gestión del club. Las manifestaciones cívicas y pacíficas son parte del paisaje habitual de Mestalla, y los aficionados tienen todo el derecho del mundo a alzar la voz contra quien consideren oportuno. Pero cuando cuatro descerebrados deciden que la mejor forma de protestar es reventar una silla en el casco de un policía, lo único que consiguen es deslegitimar al resto.

El fútbol es de la gente, sí, pero de la gente que va a animar, a sufrir con su equipo y, si hace falta, a protestar con pancartas y cánticos. El lanzamiento de objetos no es fútbol; es otra cosa que no cabe en los estadios. Lo triste es que al final el titular de prensa se lo quedan los disturbios y no la marea humana que, pacíficamente, caminó junta para defender el escudo de su club.

Consecuencias y el precio de la seguridad en Mestalla

¿Y ahora qué? Más allá del proceso judicial al que se enfrentan estos cuatro jóvenes, que no es moco de pavo (los delitos de atentado a la autoridad y desórdenes públicos conllevan penas de prisión serias), el fútbol también paga su peaje. Este tipo de incidentes obliga a los clubes y a las delegaciones del Gobierno a blindar todavía más los aledaños de los estadios en los partidos de alto riesgo.

¿Qué significa esto para el aficionado de a pie? Pues que la próxima vez que vayas a ver un gran partido te costará más tiempo entrar. Habrá más vallas, más controles de seguridad, perímetros más amplios y, en definitiva, menos comodidad para el seguidor ejemplar que solo quiere comprarse un bocata, comentar la alineación con los amigos y entrar a su asiento sin que parezca que está cruzando una frontera militarizada. La irresponsabilidad de unos pocos la terminamos pagando todos en el torno de entrada.

Al final, la lección es de primero de básica: el fútbol es un juego maravilloso, una excusa perfecta para vivir emociones fuertes, pero la frontera de la violencia nunca se debe cruzar. Ojalá las previas de los grandes partidos vuelvan a ser solo lo que deben ser: bufandas al viento, cánticos y buen ambiente. Nos vemos en la grada, pero siempre con cabeza.

Autor
Toni Imbernon

Toni2i

Analista de apuestas deportivas

Especialista en casas de apuestas con licencia DGOJ y analisis de bonos en España.

10 años de experiencia

Soy Toni Imbernon, analista de apuestas y fundador de Betsuites. Desde hace años estudio y pruebo casas de apuestas, métodos de pago y estrategias para ofrecerte información verificada y útil. Me gusta explicar el mundo de las apuestas con claridad, rigor y un enfoque práctico, basado siempre en la experiencia real y en lo que de verdad funciona.
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