El Sevilla se la juega mañana ante el Barcelona en el Sánchez-Pizjuán justo antes del parón de selecciones, y lo hace con novedades muy importantes en la enfermería. Arouna Sangante ha vuelto a entrenar con el grupo, mientras que Kike Salas apura sus opciones pero sigue siendo duda para frenar al ataque más letal de la categoría.
En la última sesión preparatoria dirigida por el técnico hispalense, las miradas estaban puestas en el césped del estadio de Nervión. Sangante, que se perdió el duelo ante el Valencia por sanción tras ver la roja contra el Espanyol y el de Riazor por unas molestias en el tobillo, ha completado el entrenamiento con total normalidad. La otra cara de la moneda es Kike Salas: el canterano arrastra una contusión en el tobillo y, aunque ha saltado al campo, su presencia no está ni mucho menos asegurada. Además, Nico Guillén se ha sumado al grupo, mientras que Lucas Stassin y Rubén Vargas son bajas confirmadas por lesión.
¿Qué significa esto para la defensa de Nervión?
A ver, que no os engañen las prisas de última hora. Recuperar a Sangante a estas alturas es como encontrar agua en el desierto. El central senegalés ha tenido unas semanas de lo más movidas: primero la expulsión ante el Espanyol, luego el castigo frente al Valencia y, para colmo, ese tobillo que le dejó fuera del viaje a Riazor. Vamos, que el chaval tiene que estar con unas ganas de morder sobre el verde que ríete tú de un doberman. Su vuelta no es un detalle menor, sobre todo considerando que mañana visita el Sánchez-Pizjuán el Barcelona, un equipo que este año está viendo puerta con una facilidad pasmosa y que lidera la tabla de goleadores.
Por eso, la duda de Kike Salas duele el doble. El canterano venía mostrando una jerarquía tremenda atrás, asentándose como el jefe de la zaga en momentos complicados. Una contusión en el tobillo parecía que lo iba a mandar directo a descansar hasta después del parón de selecciones, pero el tío se resiste a borrarse de un partido de este calibre. Si no llega a tiempo, la baja será de las que hacen pupa. En este tipo de citas, contra delanteros que te castigan el más mínimo despiste, necesitas gente con el colmillo afilado y el ritmo de Salas. Veremos si fuerza o si el cuerpo técnico prefiere no arriesgar un patrimonio tan valioso de cara al resto de la temporada.
El rompecabezas en ataque y el parón internacional
Si atrás hay dudas, arriba la cosa tampoco está para tirar cohetes. Lo de Lucas Stassin es un contratiempo serio. El delantero belga sufre una lesión miofascial en el aductor largo de la pierna derecha. Este tipo de dolencias musculares son traicioneras; un mal esfuerzo por querer volver antes de tiempo y te vas a un mes y medio de baja. Así que, con el parón a la vuelta de la esquina, lo lógico es que no se mueva un dedo con él hasta que esté al cien por cien.
Y luego está el caso de Rubén Vargas. El extremo suizo sigue metido en el dique seco por su lesión en la rodilla derecha. No es solo que no pueda ayudar mañana al equipo ante los azulgranas, es que la baja tiene un componente casi histórico para él: se va a perder la convocatoria con la selección de Suiza por primera vez desde junio de 2025, cuando otra lesión muscular le obligó a quedarse en casa. Para un tipo acostumbrado a ser fijo con su país, este parón va a ser raro, viéndolo todo desde la barrera y centrado exclusivamente en recuperar esa rodilla que tantos dolores de cabeza le está dando.
La buena noticia para compensar tanto parte médico es la vuelta de Nico Guillén. Su regreso al grupo da aire fresco a una rotación que va a necesitar de toda la energía disponible para contrarrestar el ritmo físico que suele proponer el Barcelona de mediocampo hacia adelante.
Toca ver cómo encaja el puzle el entrenador en las próximas horas. La batalla del Sánchez-Pizjuán promete curvas, y el Sevilla tendrá que tirar de épica y de los soldados que tenga sanos para irse al parón con una sonrisa.

















