El Barça se marchó al descanso en el Sánchez-Pizjuán con un trabajado 1-1 ante el Sevilla, en un partido marcado por las sorprendentes decisiones de Hansi Flick en el once y una primera mitad de pura montaña rusa. El debut de Dominik Livakovic bajo palos y el décimo gol de la temporada de Raphinha centraron los focos de unos primeros 45 minutos de máxima intensidad.
La previa ya venía con curvas. Sin Joan García disponible, Flick jugó al despiste en las ruedas de prensa y, cuando todos esperábamos a Szczesny, va y le da la alternativa al croata Livakovic. Cosas de Hansi. La mala suerte es que el Sevilla mandó para adentro el primer remate que tuvo. A partir de ahí, nos tocó remar contracorriente. Menos mal que Raphinha se inventó un recorte de artista para poner el empate a uno antes de enfilar el túnel de vestuarios. Un golazo que vale oro.
Luces y sombras en el once de Flick
Yo esto lo veo de una forma muy clara: las rotaciones atrás nos costaron bastante a la hora de asentarnos en el partido. Eric García sufrió de lo lindo en el perfil derecho. La astucia de Joao Félix para escorarse y generarse sus propios espacios le causó muchísimos problemas al canterano. Al lado, Christensen tampoco estuvo nada cómodo. Cada vez que el Sevilla recuperaba la pelota y salía con velocidad, la tremenda movilidad de los locales le complicaba la existencia al central danés, que se vio desbordado en más de una ocasión.
Por suerte, en defensa también tuvimos dos notas muy positivas que evitaron males mayores. Por un lado, Pau Cubarsí volvió a demostrar por qué es de lo mejor de este equipo. Estuvo a punto de cazar un remate a bocajarro en el área tras un gran envío de Lamine Yamal, pero Castrín le forcejeó en una acción muy dudosa que bien pudo pitarse como penalti. Por el otro, Joao Cancelo ejerció de bombero de emergencia. El lateral portugués se inventó una cobertura al límite providencial que evitó el 2-0 de los locales. En ataque apenas se le vio, pero esa acción defensiva vale tanto como un gol.
En el centro del campo vivimos una situación similar, con una de cal y otra de arena. Rodri se vistió de salvador justo antes del pitido final de la primera parte, cortando una llegada clarísima del Sevilla que olía a gol cantado. En cambio, a Pedri se le vio extrañamente impreciso. Erró entregas fáciles que él suele dar con los ojos cerrados y, para colmo, falló una ocasión inmejorable para poner el 1-2 al pegarle al aire en un remate franco. No pasa nada, a los genios también se les permite un día gris en la oficina.
La rebeldía de Lamine Yamal y la fe de Fermín
Si algo me gusta de este Barça es que, cuando las cosas se ponen feas, no se arruga. Fermín López estuvo omnipresente en el primer tiempo. Hiperactivo, peleando absolutamente cada balón en todas las zonas del campo y dejando una jugada espectacular por pura fe que mereció acabar en gol. Es el alma de este líder de la Liga. Mientras tanto, Lamine Yamal vivió su particular batalla en el césped. Se las tuvo tiesas con Suazo en una banda que echaba chispas.
La grada del Pizjuán la tomó con Lamine, y el chaval, lejos de amedrentarse, se picó. Fruto de esa rebeldía se inventó un jugadón tremendo con un zurdazo lejano que se estrelló en el poste. También se le vio bastante enfadado por una falta flagrante que le hicieron y que el árbitro decidió ignorar, lo que le llevó a hacer algún gesto de frustración hacia la grada. Genio y figura.
Arriba, la gran sorpresa táctica fue la titularidad de Gordon en detrimento de Karim Adeyemi. Flick priorizó el compromiso defensivo y el trabajo sin balón, pero al chico le faltó ese puntito de descaro que tanto nos gusta. En las pocas transiciones de las que dispuso, prefirió contemporizar antes que encarar y desbordar a su par, dejando una sensación de timidez que lastró un poco el ataque por su banda.
Ajustes necesarios para la segunda mitad
El empate al descanso deja las espadas en todo lo alto, pero Flick tiene deberes en el vestuario si quiere llevarse los tres puntos de Sevilla. El técnico alemán debe ajustar la marca sobre Joao Félix para evitar que Eric García siga sufriendo a su espalda. Además, la circulación en el círculo central necesita recuperar la fluidez habitual de Pedri para conectar con un Raphinha que está en estado de gracia absoluto.
Con Adeyemi esperando su oportunidad en el banquillo, el Barça tiene dinamita de sobra para agitar el árbol en la segunda parte. La clave estará en mantener la solidez que mostraron Rodri y Cancelo en los minutos finales y aprovechar la hiperactividad de Fermín para romper las líneas de un Sevilla muy combativo. Nos espera una segunda parte de infarto.

















