Villarreal se llevó un derbi de lo más movido ante el Levante (3-1) en un partido que se decidió por la pegada local y, sobre todo, por los regalos granotas en la salida de balón. Los castellonenses aprovecharon la sociedad ilimitada entre Alberto Moleiro y Ayoze Pérez, además de la puntería de Georges Mikautadze en el tramo final, para certificar tres puntos de oro este domingo 20 de septiembre.
El choque tuvo de todo, pero si tuviera que resumírtelo en una frase, te diría que el Levante se cavó su propia fosa arriesgando donde no debía. Ayoze abrió la lata tras una pared deliciosa con Moleiro, que se la devolvió picadita para que el tinerfeño batiera a Ryan. El Levante reaccionó con un golazo de bandera: Toljan la colgó al punto de penalti e Iván Romero se inventó una volea acrobática espectacular que se coló por el palo izquierdo de Gulacsi. Pero la alegría les duró poco a los visitantes. Primero Moleiro, tras un taconazo de fantasía de Ilias Akhomach que nació de una pérdida defensiva, y luego Mikautadze, tras otro error grosero atrás que cazó Gerard Moreno, pusieron el definitivo 3-1.
El peligro de querer jugar como los ángeles sin red
Yo esto lo veo muy claro: si vas a proponer una salida de balón aseada y arriesgada desde atrás, tienes que ejecutarla con precisión de cirujano. Si no, te pasa lo que le pasó al Levante. Perder balones en zona de iniciación contra un equipo que tiene tanta dinamita arriba es, directamente, un suicidio deportivo.
El conjunto granota demostró valentía, sí, pero pecó de ingenuo. El empate provisional de Iván Romero fue una obra de arte, un recurso de delantero puro que enganchó el gran centro de Toljan para batir a Gulacsi. Ese gol debió darles alas para asentarse en el partido, pero en lugar de eso, la insistencia en arriesgar cerca de su propia área los terminó condenando.
El 2-1 es el ejemplo perfecto de lo que te hablo. Nueva pérdida del Levante en la salida, recuperación rápida del Villarreal y una genialidad de Ilias Akhomach. El chaval se inventó un pase de tacón espectacular para habilitar a Moleiro. Y con espacios, Moleiro no perdona: se plantó ante Ryan y definió a placer para volver a adelantar a los suyos.
La sociedad Moleiro-Ayoze y el factor Mikautadze
La química que están mostrando Alberto Moleiro y Ayoze Pérez empieza a ser cosa seria. El primer gol del partido es para ponérselo en bucle a los chavales en las escuelas de fútbol. No fue una jugada de fuerza, fue puro entendimiento. Moleiro la dejó pasar, Ayoze se la cedió de cara, y el centrocampista la picó con la delicadeza justa para la carrera del tinerfeño, que definió por abajo ante la salida de Ryan. Es fútbol de salón.
Y por si fuera poco con la vieja guardia y el talento joven, el Villarreal demostró tener un fondo de armario tremendo. Que salgan Gerard Moreno y Georges Mikautadze para rematar la faena es un lujo que muy pocos se pueden permitir. El definitivo 3-1 llegó con la misma receta que el segundo: otro fallo del Levante al intentar sacar la pelota jugada. Gerard Moreno, que tiene más colmillo que nadie, olió la sangre y se quedó con el cuero. Moleiro, que estuvo en todas las salsas, vio el desmarque de Mikautadze y le filtró un pase al espacio de categoría. El georgiano, cara a cara con Ryan, no dudó y la mandó para adentro.
A partir de ahora, nos toca vigilar si el Villarreal es capaz de mantener este ritmo de fantasía en ataque y, sobre todo, si el Levante corrige esos errores de bulto en la salida que te arruinan cualquier plan de partido. El fútbol de élite no perdona los regalos, y hoy quedó más que demostrado.

















