El fútbol moderno nos deja a veces estadísticas que retratan el alma de los equipos mejor que cualquier crónica. La última jornada de Liga ha destapado una comparativa sonrojante: mientras el Elche recorrió 115,4 kilómetros con diez jugadores para tumbar al Espanyol, el Real Madrid se quedó en unos discretos 100,3 kilómetros en el derbi ante el Atlético, encajando su segunda derrota del campeonato y abriendo un debate serio sobre su falta de actitud colectiva.
Los números no mienten y, en este caso, son demoledores. El Elche afrontó una situación límite en Cornellà al quedarse con diez hombres en el minuto 5. Lejos de arrugarse, sus futbolistas de campo firmaron una exhibición de coraje corriendo una media de 11,7 kilómetros por cabeza para acabar ganando por 1-3. Lucas Cepeda lideró la entrega ilicitana con una paliza descomunal de 12,3 kilómetros. Dos días después, el Real Madrid ofreció una versión apática a la hora de la siesta, firmando esos 100,3 kilómetros totales que contrastan de forma flagrante con el despliegue del modesto.
¿Falta de piernas o falta de actitud?
A mí esto me da que pensar. Cuando un equipo modesto se vacía sobre el césped y un gigante se apaga a las primeras de cambio, el problema rara vez es físico; suele ser de mentalidad. El entorno madridista ha señalado al arbitraje para justificar el tropiezo ante el Atlético, quejándose de que el colegiado no expulsó a Kang-in tras una dura entrada a Fede Valverde. Pero seamos sinceros: tapar un mal partido con las decisiones arbitrales es mirar el dedo cuando te señalan la luna. Máxime cuando el propio Madrid acabó también con diez por la expulsión de Huijsen en el minuto 52 y no supo reaccionar.
La realidad táctica nos dice que el equipo que dirige José Mourinho no está aportando el esfuerzo mínimo exigible. Jugar un derbi, con la carga emocional y la exigencia que conlleva, requiere morder en cada balón. Si te quedas quince kilómetros por debajo del despliegue de un rival que jugó casi todo su encuentro en inferioridad numérica, es que algo falla en el engranaje colectivo. No se puede competir a medio gas cuando tu oponente directo te exige el máximo.
El foco, lógicamente, empieza a apuntar a las estrellas de la plantilla. Kylian Mbappé está firmando un promedio de 8,1 kilómetros recorridos por partido. Para un atacante de su nivel mundial, esa cifra evidencia una desconexión preocupante en las tareas de presión y repliegue. En el fútbol de hoy en día, defender con un jugador menos en la fase sin balón es un lujo que ningún esquema táctico se puede permitir, por muy determinante que seas en el área contraria.
La lección del Elche y el aviso para Chamartín
El contraste con el Elche es absoluto. Los ilicitanos venían de rozar el empate ante el propio Real Madrid apenas seis días antes, donde solo un gol del joven Espí en el tiempo de descuento salvó los muebles para los blancos. Esa misma fe y capacidad de sacrificio la trasladaron a Cornellà. Con un futbolista menos durante 85 minutos, la solidaridad de los jugadores del Elche multiplicó sus esfuerzos individuales para compensar la baja y asaltar el feudo del Espanyol de forma heroica.
Yo siempre digo que correr no te asegura la victoria, pero no correr te garantiza sufrir. El Real Madrid se encuentra ahora en un momento delicado, procesando las dudas sobre el compromiso defensivo de su bloque alto. No basta con acumular talento sobre el papel si luego el balance defensivo depende exclusivamente del esfuerzo de unos pocos elegidos en el centro del campo. El fútbol de élite no perdona la autocomplacencia.
La diferencia de casi quince kilómetros entre el esfuerzo del Elche y el del Real Madrid debe servir como una seria advertencia para el vestuario blanco. Si el conjunto de Concha Espina quiere reconducir el rumbo en el campeonato, necesita recuperar la ética de trabajo que define a los campeones. La calidad técnica te saca de apuros puntuales, pero la implicación colectiva es la que de verdad sostiene los proyectos ganadores a largo plazo.
A partir de ahora, todas las miradas estarán puestas en la reacción de los jugadores y en cómo ajusta Mourinho las piezas para que el esfuerzo defensivo vuelva a ser innegociable.




















