Éder Militão no quiere perder ni un solo segundo. El central brasileño del Real Madrid está aprovechando este parón de selecciones para machacarse en Valdebebas con un objetivo entre ceja y ceja: volver a vestirse de corto en octubre. Tras su grave lesión de abril, el defensa ya pisa césped y toca balón, aunque el cuerpo técnico prefiere frenar su euforia.
La imagen que ha encendido la ilusión del madridismo la ha colgado el propio jugador en sus redes sociales. En el vídeo se le ve corriendo y haciendo ejercicios con la pelota sobre el verde de la ciudad deportiva. No está solo en la enfermería; compañeros como Ferland Mendy, Rodrygo y Fede Valverde también se están perdiendo los partidos de sus selecciones para recuperarse de sus respectivas dolencias en Valdebebas. Sin embargo, el caso de Militão es el que requiere más mimo. El central se rompió el tendón proximal del bíceps femoral de la pierna izquierda el pasado mes de abril en un partido contra el Alavés, una dolencia que le obligó a pasar por el quirófano en Finlandia. Ahora, cinco meses después, el brasileño ve la luz al final del túnel.
La prisa de Militão contra la calma de Mourinho
Aquí es donde entra la eterna batalla entre el corazón del futbolista y la cabeza del entrenador. Yo esto lo veo muy claro: Militão quiere jugar ya, pero meterle prisa al cuerpo con estos antecedentes es jugar con fuego. El central tiene marcado en rojo el mes de octubre, justo después de que termine este parón internacional, para ponerse a las órdenes de José Mourinho. El técnico portugués, que sabe perfectamente lo que es gestionar plantillas con el calendario ultraexigente de hoy en día, no tiene ninguna intención de forzar la máquina.
La postura del club y del cuerpo médico es innegociable. No se van a correr riesgos innecesarios. El plan pasa por cumplir los plazos de recuperación de manera estricta. ¿Por qué tanta cautela? Muy sencillo: Militão ya arrastra un historial delicado con varias lesiones graves en esa misma zona. En el fútbol actual, una recaída en un músculo tan explosivo como el bíceps femoral puede mandar al traste toda la temporada, y el Madrid necesita a su jefe de la zaga para el tramo decisivo del curso, no para un par de partidos precipitados.
Un rompecabezas defensivo para el Real Madrid
La vuelta de Militão no es un tema menor para el esquema de Mourinho. El técnico luso es un enfermo del orden defensivo; para él, un equipo se construye desde atrás, con los cimientos bien firmes. Contar con un central de la jerarquía, la velocidad al cruce y el poderío aéreo del brasileño cambia por completo la cara del Real Madrid. Su presencia en el once permite adelantar la línea de presión y dar mucha más seguridad a una zaga que ha tenido que hacer encaje de bolillos durante su ausencia.
Mientras el brasileño sigue quemando etapas sobre el césped de Valdebebas, el equipo tendrá que seguir compitiendo con lo que tiene. La buena noticia es que el trabajo diario en la ciudad deportiva está dando sus frutos y el parón de selecciones, habitualmente temido por el «virus FIFA», esta vez está sirviendo de bálsamo para que los lesionados trabajen sin la presión de la competición dominical.
A partir de ahora, la clave estará en ver cómo reacciona esa pierna izquierda a medida que aumente la carga de trabajo físico. El balón ya está rodando para Militão, pero la última palabra sobre su regreso la tendrán los médicos y un Mourinho que prefiere ir despacio para llegar más lejos.




















