Jude Bellingham ha tardado exactamente nueve minutos en inaugurar el casillero del Real Madrid en esta nueva temporada. El centrocampista inglés firmó el primer gol oficial del curso para el conjunto blanco en Cornellà, abriendo el marcador en un debut liguero frente al Espanyol que prometía emociones fuertes y que no tardó en cumplirlas.
La acción nació de las botas de Vinicius, que provocó una falta en el costado izquierdo. Arda Güler, que este año apunta a tener un papel protagonista con su guante en el pie izquierdo, puso un centro medido al corazón del área. Allí apareció el de siempre: Bellingham leyó el envío antes que nadie, se anticipó a la zaga perica con un desmarque de manual y conectó un cabezazo inapelable que batió a Marko Dimitrovic para poner el 0-1 provisional.
La pizarra de Mourinho y el factor Bellingham
Yo esto lo veo bastante claro: Jude Bellingham sigue teniendo ese imán para estar en el sitio justo en el momento adecuado. No es casualidad. El inglés arranca el curso tal y como terminó el anterior, siendo el jugador indetectable que rompe desde segunda línea. Pero más allá del gol, este estreno liguero nos deja las primeras pistas reales de lo que busca José Mourinho en su regreso al banquillo del Real Madrid. El técnico portugués sorprendió con su primer once oficial, dejando claro que aquí nadie tiene el puesto asegurado por el nombre de su camiseta.
En los primeros compases se vio a un Madrid muy metido en la presión tras pérdida y obsesionado con ganar los segundos balones. Mourinho quiere un equipo vertical y agresivo, y la presencia de Güler para ejecutar el balón parado ya le ha dado el primer rédito de la temporada. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas en el RCD Stadium. El césped de Cornellà, recién plantado y con una altura de 26 milímetros, no estaba al cien por cien, lo que dificultó la circulación rápida del balón que tanto beneficia a los jugones del Madrid.
Además, el Espanyol de Manolo González demostró que en su casa va a ser un rival durísimo. Tras el mazazo del gol de Bellingham, el conjunto blanquiazul no se descompuso. Presionaron arriba, mordieron en cada duelo y encontraron el premio en el minuto 29. Una gran jugada posicional acabó con un centro preciso de Javi Hernández para que Álex Calatrava, llegando libre de marca desde atrás, batiera a Thibaut Courtois para poner las tablas en el marcador.
Ajustes defensivos y cuentas pendientes
A partir del empate, el partido se convirtió en una batalla física de las que le gustan a Mourinho, pero que también exigen un desgaste tremendo. Vimos de todo en la primera mitad: tensión, rifirrafes constantes entre Vinicius y Calatrava que el colegiado Sánchez Martínez saldó con una amarilla para cada uno, y hasta sangre. El central Dean Huijsen tuvo que retirarse momentáneamente tras sufrir un fuerte golpe en el rostro que le manchó la camiseta, dejando al Madrid en inferioridad durante unos minutos que el Espanyol aprovechó para apretar de lo lindo.
A mí lo que me preocupa de este tramo es la facilidad con la que el Espanyol logró hacer daño llegando desde segunda línea. El gol de Calatrava es un aviso serio para la medular blanca. Mourinho tiene trabajo por delante para ajustar las vigilancias defensivas si quiere que este bloque sea tan sólido como exige su manual de estilo. Menos mal que Courtois y la falta de puntería rival evitaron males mayores en un par de llegadas peligrosas de los locales.
En el otro área, la pólvora sigue estando húmeda pero con síntomas de peligro. Kylian Mbappé tuvo en sus botas el 1-2 antes del descanso en un mano a mano clarísimo, pero Dimitrovic se hizo gigante sacando una rodilla providencial. Son esos detalles los que deciden ligas, y en esta primera jornada ha qo claro que nadie va a regalar nada.
Toca seguir muy de cerca cómo evoluciona este Madrid de Mourinho en las segundas partes. El gol de Bellingham es una excelente noticia para empezar, pero el camino hacia la solidez colectiva acaba de empezar en un campo que siempre exige el máximo.

















