A ver, que se ha liado una buena en Portugal y conviene poner un poco de orden. Jorge Jesus ha tenido que salir a apagar el incendio provocado por la suplencia de Cristiano Ronaldo ante Noruega. Yo esto lo veo como el clásico choque de trenes que se veía venir: el seleccionador luso ha desvelado que ya le había advertido directamente al de Madeira que no tendría minutos ni en ese encuentro ni en el siguiente compromiso frente a Dinamarca.
La tormenta se desató cuando Cristiano se quedó en el banquillo durante los noventa minutos de la victoria portuguesa frente a Noruega. Lo que encendió la mecha de verdad fue que el delantero estuvo un buen rato calentando en la banda durante el segundo tiempo para luego no rascar bola. El posterior enfado de CR7, reportado de inmediato por la prensa local, obligó a la Federación Portuguesa a intervenir en una cumbre de urgencia. En la previa del choque ante Dinamarca, y tras ver que Cristiano no entrenaba con el grupo y se limitaba a trabajar en el gimnasio, el central Rúben Dias intentó restar importancia al asunto asegurando que es solo «un momento de frustración que dura 10, 15 o 20 segundos». Sin embargo, el seleccionador fue mucho más tajante al desvelar su conversación previa con el astro: «Le dije a Cristiano que no jugaría ni en el partido contra Noruega ni en el de Dinamarca».
La gestión del ego y la pizarra de Jorge Jesus
A mí lo que me queda claro es que Jorge Jesus no ha venido a Lisboa a hacer amigos ni a pedir permiso. El técnico portugués es perro viejo, domina la táctica como pocos y tiene una personalidad de esas que no se arrugan ante nadie, se llame el delantero como se llame. Decirle a la mayor leyenda de la historia de tu país que se va a chupar dos partidos enteros en el banco exige tener una espalda muy ancha y las ideas muy claras.
La clave aquí es el rendimiento inmediato. Portugal acumula dos victorias en los dos primeros partidos de la ‘era Jorge Jesus’. Cuando ganas, tus decisiones se convierten en dogmas de fe; si pierdes, te crucifican en la plaza pública. De momento, el seleccionador tiene el respaldo de los resultados para sostener un plan en el que Cristiano, por lo que parece, ya no es la pieza inamovible de antes. El hecho de que el delantero trabaje en solitario en el gimnasio nos dice que la digestión de este nuevo rol no está siendo precisamente ligera para el de Madeira.
El papel de Rúben Dias y el ecosistema del vestuario
En mitad de este ruido, me parece interesantísimo el papel que está jugando Rúben Dias. El central del Manchester City, uno de los pesos pesados del grupo, ha salido a dar la cara ejerciendo de bombero diplomático. Sus palabras buscando normalizar el enfado de Cristiano son de manual de capitán: «Por mi parte, y creo que por la de todo el grupo, no hay cabos sueltos. Estamos listos para el partido de mañana», comentó para zanjar el debate. Dias sabe perfectamente que un vestuario dividido por el estatus de su gran estrella es un billete directo al fracaso.
La gran pregunta que nos hacemos todos ahora es cómo afectará esto al rendimiento colectivo frente a Dinamarca. Si Portugal vuelve a ganar convence sin CR7 en el campo, la posición de Jorge Jesus saldrá extremadamente reforzada, pero la brecha con el delantero podría hacerse insalvable. Si el equipo pincha, la presión popular para que el bicho vuelva al once será insoportable para el cuerpo técnico.
Toca estar muy atentos a lo que pase sobre el césped y, sobre todo, a los gestos en el banquillo. El pulso entre la autoridad de Jorge Jesus y el orgullo competitivo de Cristiano Ronaldo acaba de empezar, y ninguno de los dos suele dar un paso atrás.




















