La Selección Española ya está en Oviedo. El combinado nacional ha aterrizado en tierras asturianas para medirse a la República Checa en una nueva jornada de la Nations League, y lo ha hecho arropado por una afición local que se ha volcado por completo para darles un recibimiento de los que hacen época.
El ambiente en la llegada del autobús del equipo nacional dejó claro que Asturias tenía ganas de ver de cerca a sus ídolos. Cientos de aficionados esperaron pacientemente a los jugadores para transmitirles ese calor tan necesario antes de un duelo clave. No es un partido más; jugar en el Carlos Tartiere siempre tiene un aroma especial, y más cuando la clasificación del grupo está en juego. Además, la cita nos ha dejado una de esas imágenes que a mí personalmente me encantan: el reencuentro sobre el césped de Luis de la Fuente y Santi Denia, dos viejos amigos de los banquillos que vuelven a cruzar sus caminos en la capital asturiana.
El fortín asturiano y el factor de la grada
Yo siempre he pensado que el fútbol de selecciones necesita salir de los grandes escenarios habituales para reconectarse con la gente de a pie. Llevar a España a Oviedo es un acierto rotundo. El norte nunca falla cuando se trata de arropar a la Selección, y esa energía se transmite directamente al césped. El equipo de Luis de la Fuente se va a encontrar un estadio encendido, algo que me parece fundamental para desgastar a una República Checa que destaca por su rigidez defensiva y su juego físico.
Para tumbar a un rival tan rocoso como el checo, no basta con tener el balón y moverlo de un lado a otro de manera horizontal. Hace falta ritmo, colmillo y, sobre todo, empuje. A los equipos del este de Europa les suele incomodar muchísimo la presión asfixiante y el juego por bandas rápido, dos de las grandes señas de identidad de esta Selección. Ahí es donde la grada juega su partido. Sentir el aliento de miles de gargantas desde el calentamiento te da ese plus de intensidad que a veces se echa en falta en las ventanas de otoño, donde el cansancio acumulado de los clubes empieza a pasar factura a los internacionales.
Asturias siempre ha sido una plaza talismán para el fútbol español. Cada vez que la Selección pisa estas tierras, la respuesta de la gente es espectacular, recordando aquellas grandes noches de clasificación de hace décadas. Ese ambiente clásico, de fútbol de verdad, es el escenario ideal para que los futbolistas sientan la trascendencia de la Nations League, un torneo que no da tregua y donde cada tropiezo se paga carísimo.
De la Fuente y Santi Denia: sintonía en el banquillo
Otro de los puntos de interés de este viaje a Oviedo es la coincidencia de Luis de la Fuente y Santi Denia. No es ningún secreto que la estructura de la Federación funciona como un reloj suizo porque hay una línea continuista y, sobre todo, una relación de máxima confianza entre los técnicos de las diferentes categorías. Verlos charlar y compartir confidencias en el estadio nos recuerda que el éxito de la absoluta no se entiende sin el trabajo de base que se realiza en las categorías inferiores, de las que ambos son perfectos conocedores.
Esa complicidad es clave. De la Fuente sabe perfectamente qué talento sube desde abajo porque Santi Denia se lo cocina a fuego lento en las inferiores. Al final, el modelo de juego de la absoluta es un espejo de lo que se trabaja en la sub-21, lo que facilita que la transición de los jóvenes cuando dan el salto definitivo sea prácticamente invisible. Este tipo de reencuentros en territorio neutral refuerzan la idea de que la Selección es una familia unida, un bloque sin fisuras donde todos reman en la misma dirección. Y créeme, cuando vienen curvas en el terreno de juego, esa estabilidad institucional y personal en el cuerpo técnico es media vida.
Ahora la pelota está en el tejado de los jugadores, que deben transformar todo este cariño recibido en Oviedo en tres puntos de oro sobre el verde. Toca abrocharse el cinturón y disfrutar de otra gran noche de fútbol.




















