Al Manchester City se le acumulan los dolores de cabeza fuera del terreno de juego. Un documento de 2015 de su patrocinador principal, Etihad Airways, ha salido a la luz para complicar la defensa del club inglés ante las graves acusaciones de la Premier League por presuntas infracciones financieras.
Vamos al grano, que el asunto tiene miga y a mí me gusta explicar las cosas claras. La clave de todo este lío judicial está en el origen del dinero. Una comisión independiente determinó en su día que unos 830 millones de libras, registrados entre los años 2009 y 2018 como ingresos por patrocinio directo, provenían en realidad de los propios bolsillos de los dueños del club. El City siempre ha defendido su inocencia con el argumento de que cada libra venía de acuerdos comerciales legítimos y transparentes. Sin embargo, esta declaración de Etihad de hace más de una década pone en entredicho esa versión justo en el peor momento: cuando el club acaba de presentar su apelación formal insistiendo en que son completamente inocentes. De confirmarse que el dinero se desvió desde los despachos de los propietarios para camuflar las cuentas, el golpe para la entidad de Manchester podría ser histórico.
¿Qué significa este nuevo frente para la defensa del City?
A mí, que me gusta fijarme en los detalles que no salen en el marcador, esto me parece un auténtico gol en propia puerta en los despachos. Imagina que estás intentando convencer a Hacienda de que tu coche nuevo lo pagaste íntegramente con tus ahorros y, de repente, el concesionario saca un papel firmado por ti diciendo que en realidad te lo financió tu jefe por debajo de la mesa. Pues eso es, a grandes rasgos, lo que le pasa al City con el documento de Etihad Airways. La defensa pierde su principal escudo argumental y se queda en una posición bastante vulnerable ante el tribunal.
¿Andan preocupados en el vestuario? Es evidente que una batalla legal de este calibre, que se alarga ya durante años, desgasta a cualquiera. Aunque los futbolistas salten al césped e intenten aislarse de todo, el ruido institucional que rodea al Etihad Stadium es ensordecedor. Nadie trabaja con la misma tranquilidad sabiendo que sobre su cabeza pende una espada de Damocles en forma de sanciones extremas. En los pasillos de la Premier League ya se habla de todo: desde una pérdida de puntos masiva que los deje fuera de puestos europeos hasta la posibilidad real de un descenso administrativo si se demuestran las peores sospechas.
Además, el impacto va más allá del vestuario actual. Este tipo de procesos judiciales tan largos terminan por erosionar la reputación de la marca a nivel global. Ningún patrocinador multinacional quiere ver su nombre asociado a un escándalo de ingeniería financiera de estas dimensiones, y este nuevo frente con Etihad demuestra que, a veces, las grietas más peligrosas se abren desde dentro de la propia estructura.
El factor geopolítico y la reacción de Roberto Mancini
Para añadirle todavía más picante a la historia, el asunto ya ha trascendido lo puramente deportivo para convertirse en un conflicto diplomático. Emiratos Árabes Unidos ya ha mandado un aviso bastante serio y directo al Gobierno del Reino Unido: si la sanción final al Manchester City es demasiado severa, se plantean reducir drásticamente sus inversiones económicas en el país. Esto ya no es solo fútbol de fin de semana; es geopolítica y presión económica de alto nivel para intentar salvar al club de un castigo ejemplar.
Mientras tanto, los protagonistas que vivieron de cerca aquellos años bajo sospecha prefieren ponerse de perfil y mirar hacia otro lado. Roberto Mancini, el técnico italiano que dirigió al equipo en parte de ese periodo clave, ya se ha desmarcado por completo del asunto con unas declaraciones muy reveladoras: «No me preocupa, es problema del club». Una frase fría que resume a la perfección el sentir de muchos profesionales: el balón rueda y los títulos se celebran, pero los papeles y las responsabilidades se quedan en los cajones de los despachos.
A partir de ahora, solo queda esperar a ver cómo encaja el club este directo a la mandíbula en su apelación. Los despachos van a jugar un partido mucho más decisivo y peligroso que el que se disputa en el césped cada fin de semana.




















