Un derbi vasco siempre promete intensidad, pero esta vez el Athletic y el Alavés firmaron un empate sin goles en San Mamés que deja sensaciones muy distintas a ambos lados. La culpa, en gran parte, la tuvo un Antonio Sivera colosal que detuvo un penalti a Oihan Sancet y desesperó a los leones justo antes del parón liguero.
El guion del partido fue el que muchos esperábamos, pero llevado al límite. Los chicos de Edin Terzic llevaron la iniciativa de principio a fin, masticando la jugada desde el pitido inicial hasta el noventa, pero chocaron constantemente contra un muro albiazul muy bien plantado. La ocasión de oro para romper el cerrojo llegó desde los once metros. Sancet asumió la responsabilidad, pero se topó con la figura de Sivera. El guardameta del Alavés no solo adivinó la trayectoria del lanzamiento, sino que firmó una actuación de MVP que sostuvo a su equipo cuando la tormenta apretaba. A partir de ahí, el Athletic lo intentó con más fe que claridad, acumulando posesión pero generando muy pocas oportunidades reales de peligro ante un rival comodísimo defendiendo en bloque bajo.
¿Qué significa este punto para Athletic y Alavés?
Yo esto lo veo claro: el Alavés sale de San Mamés con una sonrisa de oreja a oreja. Sumar en un escenario tan imponente como este y plantarse en el parón con 11 puntos en el casillero es un botín fantástico para los babazorros. Refuerza su plan defensivo y les da una tranquilidad tremenda para trabajar durante estas dos semanas sin competición. Han demostrado que saben sufrir y que tienen un cerrojo de plomo en la portería con Sivera.
Por el contrario, a Edin Terzic le toca darle vueltas a la pizarra. El Athletic se queda con 8 puntos. Sí, es cierto que tienen un partido menos y que el margen de maniobra sigue ahí, pero la sensación de impotencia en ataque preocupa. Controlar el balón está muy bien, pero si no se traduce en ocasiones claras, te acabas estrellando contra defensas ordenadas. A los leones les faltó esa chispa de creatividad en el último tercio para desordenar la zaga rival. Perder la oportunidad desde el punto de penalti duele, pero lo que de verdad debe ocupar al técnico es cómo generar más volumen de juego cuando los espacios brillan por su ausencia.
El factor del parón y el partido pendiente
El parón de selecciones llega ahora como un bálsamo y un reto a la vez. Para el Alavés, estos 11 puntos son un colchón de seguridad magnífico para mantener la calma y seguir puliendo su propuesta. Saben perfectamente a lo que juegan, defienden con el cuchillo entre los dientes y tienen un portero que gana puntos por sí solo. El valor de la portería a cero en campos así vale oro.
Para el Athletic, en cambio, estas dos semanas serán de reflexión en Lezama. El partido que tienen pendiente en el calendario pasa a ser crucial para no descolgarse de la zona noble de la clasificación. Si logran sumar de tres en ese encuentro aplazado, la perspectiva de esos 8 puntos cambiará por completo. Pero para que eso ocurra, Terzic necesita recuperar la fluidez ofensiva y encontrar alternativas cuando el plan principal se atasca. La solidez defensiva del Alavés ha dejado claro el camino a seguir para los rivales que visiten San Mamés: cerrar pasillos, juntar líneas y confiar en que su guardameta tenga el día.
Veremos cómo vuelven ambos equipos tras los compromisos internacionales, pero de momento, el Alavés duerme tranquilo y el Athletic se va a vestuarios con deberes pendientes en ataque.

















