El Sevilla asaltó San Mamés con un contundente 1-3 que dejó al Athletic de Edin Terzic tiritando en su propio feudo. La temprana expulsión de Yuri Berchiche a los diez minutos dinamitó por completo el plan de los leones, que se vieron superados por un cuadro hispalense letal en las transiciones y sumamente castigador con los errores locales.
Os lo digo claramente: jugar noventa minutos en Primera División ya es una tarea complicada, pero hacerlo con diez hombres desde el inicio es directamente un deporte de riesgo. Yuri vio la roja directa por derribar al último delantero rival cuando apenas nos estábamos acomodando en la butaca. A partir de ahí, el partido se convirtió en una cuesta arriba empinadísima para el Athletic. Por si fuera poco, Unai Simón no tuvo su tarde. El guardameta internacional se durmió en los laureles bajo la presión de la delantera sevillista y le regaló el 0-1 a Oso, que solo tuvo que empujar el esférico a puerta vacía. Desde ese momento, el Sevilla olió la sangre y no levantó el pie del acelerador.
En la segunda mitad, el impacto de los cambios visitantes terminó de romper el choque. Primero fue Ejuke quien firmó el 0-2 tras un robo a Gerenabarrena —que debutaba en partido oficial—, culminando una contra perfecta con una sutil vaselina sobre Unai Simón. Poco después, un taconazo arriesgado de Areso cerca de su propia área acabó en las botas de Oso, que cedió para que Isaac Romero fusilara con un zurdazo inapelable que supuso el 0-3. La herida era tremenda, pero el Athletic tiró de casta para maquillar el resultado. En el tramo final, tras un saque de esquina, el balón quedó botando en el área y Aitor Paredes no perdonó, reventando el cuero contra la red para firmar el definitivo 1-3.
¿Qué significa esto para el Athletic de Terzic?
Yo esto lo veo como un baño de realidad tremendo para Edin Terzic. El técnico alemán decidió dejar en el banquillo a pesos pesados de la plantilla como Nico Williams y Aymeric Laporte de inicio. Es verdad que luego salieron en la segunda mitad para intentar agitar el árbol, pero cuando quisieron reaccionar, el partido ya estaba cuesta abajo y sin frenos. Jugar sin tu futbolista más desequilibrante y sin tu jerarca defensivo ante un rival ordenado es conceder demasiadas ventajas en esta categoría.
La expulsión de Yuri trastocó absolutamente todo el esquema táctico. Obligó a Guruzeta a sacrificarse pegado a la banda durante muchos minutos y dejó a Sancet muy desconectado en las labores de creación. La única nota positiva para la parroquia rojiblanca fue el desparpajo de Peio Canales, el león más destacado de la tarde fajándose en el centro del campo, y los debuts de los canteranos Gerenabarrena y Hugo Rincón. Sin embargo, en el fútbol de élite los errores infantiles se pagan en oro. El Athletic arriesgó demasiado en la salida de balón y el Sevilla penalizó cada pérdida con una precisión quirúrgica.
Para Unai Simón, este encuentro debe quedar en el olvido lo antes posible. No es habitual verle cometer un fallo tan bulto como el del primer gol, pero hasta los mejores porteros del mundo tienen tardes grises. Lo preocupante para el cuerpo técnico no es solo la derrota en sí, sino la tremenda sensación de fragilidad defensiva que mostró el bloque cuando tuvo que dar un paso al frente en inferioridad numérica.
La pegada de un Sevilla muy serio
Por su parte, el Sevilla se marcha de Bilbao con tres puntos de oro que refuerzan notablemente su moral de cara a las próximas jornadas. Supieron madurar el encuentro con paciencia, aprovecharon la superioridad numérica sin precipitarse en la circulación y golpearon con una efectividad tremenda en los momentos clave del partido.
La conexión entre Oso, Ejuke e Isaac Romero funcionó a las mil maravillas, especialmente tras el paso por los vestuarios. Con metros para correr, el conjunto hispalense demostró que puede ser un equipo sumamente peligroso en transición. Afrontar una salida tan compleja como San Mamés y resolverla con esa autoridad en el marcador es una excelente carta de presentación.
Toca lamerse las heridas rápidamente en Lezama y repensar la pizarra. La próxima cita liguera exigirá un nivel de concentración defensiva infinitamente mayor y, muy probablemente, la vuelta de los teóricos titulares al once de gala de Terzic.

















