San Mamés respiró de alivio este domingo y lo hizo gracias a la picaresca de Alex Berenguer. En un ambiente cargado de tensión, el atacante navarro abrió la lata en el minuto 17 frente al Getafe para poner el 1-0 en el marcador y devolver la tranquilidad a una grada que necesitaba una alegría como el comer.
El gol llegó en una acción a balón parado, una de esas faltas laterales que Berenguer pone con rosca endiablada: puso el centro botado desde el costado y la pelota terminó colándose directamente por el segundo palo de la portería defendida por David Soria. La celebración tuvo un gesto humano y emotivo, ya que el navarro sacó la camiseta de Gorka Guruzeta, que se perderá toda la temporada tras sufrir una gravísima rotura de ligamento cruzado. Sin embargo, la alegría duró poco en lo físico, pues inmediatamente después de la reanudación, Iñigo Ruiz de Galarreta tuvo que retirarse lesionado, obligando al técnico Terzic a mover ficha tempranera dando entrada a Gere.
El desatasco de Berenguer y el emotivo recuerdo a Guruzeta
Yo esto lo veo claro: cuando a un equipo se le juntan los contratiempos en forma de lesiones duras, la pelota quema mucho más de la cuenta. La baja confirmada de Guruzeta para lo que resta de curso ha sido un golpe anímico tremendo para el vestuario rojiblanco, y salir al campo con ese peso mental suele pasar factura en los primeros minutos de juego. Por eso el tanto de Berenguer vale el doble de lo que indica el electrónico.
No fue solo un gol de falta lateral engañoso para Soria; fue una liberación psicológica total. Dedicarle el tanto al delantero donostiarra mostrando su camiseta ante todo San Mamés demuestra la unión de un grupo que necesita agarrarse a cualquier certeza para no perder el rumbo en la competición. Sin embargo, el peaje físico sigue siendo altísimo para los leones. La retirada prematura de Galarreta vuelve a encender las alarmas en la medular, obligando a Terzic a recomponer la estructura con el ingreso de Gere en una zona donde la fluidez de balón es indispensable.
Nico Williams marca la pauta ante el muro de Bordalás
Antes de que la falta bota-bota de Berenguer terminase dentro, el Athletic ya había avisado de sus intenciones. Nico Williams, que regresaba al once titular junto a Dani Vivian, salió hiperactivo por el perfil izquierdo. El menor de los hermanos tuvo en sus botas el primero con una jugada de la casa: diagonal hacia dentro, recorte seco y disparo buscando la rosca lejana que se marchó fuera por milímetros.
Para frenar ese vendaval, José Bordalás ajustó su esquema colocando a Kiko Femenía en esa banda y situando a Carvajal como tercer central en la zaga azulona. Un Carvajal que, por cierto, sintió la presión constante de La Catedral con una pitada monumental cada vez que tocaba el cuero, fruto del recuerdo aún vivo en la afición bilbaína de aquella fea entrada que le hizo en su día a Yuri Berchiche. A pesar del entramado defensivo del conjunto madrileño, el empuje inicial de los rojiblancos sirvió para encarrilar un encuentro que amenazaba con complicarse a las primeras de cambio.
Lo que deja este choque para el Athletic
A partir de ahora, el Athletic se enfrenta a un escenario donde la gestión de plantilla va a ser absolutamente determinante. Con piezas clave cayendo en el parte médico y la irrupción de canteranos como el cachorro Vizcay entre los convocados, Terzic tiene por delante la misión de mantener la competitividad del bloque sin ahogar a sus referentes.
Ganar partidos así, sufriendo contratiempos en pleno juego y tirando de efectividad a balón parado, es el tipo de oficio que sostiene la temporada de un club con exigencias altas. Habrá que estar muy atentos a la evolución médica de Galarreta en las próximas horas, pero de momento, la sonrisa la pone un Berenguer que volvió a aparecer justo cuando su equipo más lo necesitaba.




















