Hay jornadas en las que el fútbol pasa, con toda la razón del mundo, a un tercer o cuarto plano. La noticia con la que nos hemos levantado hoy deja el balón a un lado: la RFEF ha decidido suspender los 24 partidos de Copa del Rey programados para este miércoles tras el trágico accidente ferroviario en Urda (Toledo). Entrepiso de esta decisión, la expedición del Real Betis prepara ya las maletas en Madrid para volar de vuelta a Sevilla a las 17:30, suspendiendo su duelo de esta noche ante el Navalcarnero en el estadio de Santo Domingo.
A falta de una ratificación oficial que lo deje por escrito, la fecha que ha ganado fuerza en los despachos de la Federación es el martes 12 de noviembre. No es un día cualquiera en el almanaque: cae en pleno parón internacional de selecciones. Jugar ahí era la única vía de escape lógica que le qa sobre la mesa al club bético y a la propia Federación para encajar el choque sin desbaratar del todo las próximas semanas.
Sin internacionales y golpeando al plan de Pellegrini
Si la fecha del 12 de noviembre termina por sellarse, el primer problema para Manuel Pellegrini salta a la vista: no podrá contar con ninguno de los futbolistas que marchen convocados con sus respectivas selecciones. En una eliminatoria a partido único fuera de casa, perder piezas de la columna vertebral nunca es plato de buen gusto, por mucho que la categoría del rival sugiera rotaciones.
Yo esto lo veo claro: el técnico chileno prefería solucionar el trámite cuanto antes, pero meter el partido este mismo jueves era pegarse un tiro en el pie. El calendario no perdona. Jugar mañana significaba llegar fundidos al compromiso liguero del sábado contra el Málaga y, sobre todo, comprometer el durísimo desplazamiento de la semana que viene a Dortmund para medirse al Borussia en la Champions League. El cuerpo técnico verdiblanco valoró las alternativas y descartó de pleno apretar la tuerca 24 horas más.
Un rompecabezas en el calendario del Betis
La realidad es que el margen de maniobra para recolocar este partido en el Santo Domingo era prácticamente nulo. Si miras el trayecto que le viene al Betis de aquí a finales de año, meter noventa minutos con calzador requería casi un milagro de ingeniería deportiva.
Antes de que llegue la segunda eliminatoria copera —fijada para los días 1, 2 y 3 de diciembre—, los verdiblancos tienen por delante un auténtico puerto de categoría especial. Tras el duelo europeo en Dortmund y el hipotético cruce ante el Navalcarnero en el parón, los de Pellegrini se reencontrarán con la competición doméstica nada menos que en el derbi sevillano del 21 de noviembre.
Sin tiempo para digerir la batalla ante el eterno rival, el 24 de noviembre tocará volar a Eslovaquia para visitar al Slovan Bratislava en Champions. Y la cuesta de diciembre no afloja: tras la segunda ronda copera, el Betis recibirá al Como el miércoles 8 de diciembre, antes de afrontar los dieciseisavos de Copa previstos entre el 15 y el 17 del mismo mes. Un puzzle exigente donde cada día de descanso vale oro.
Toca esperar la confirmación de la RFEF para dar por definitiva la cita del 12 de noviembre. Lo importante hoy es lo que pasa fuera del césped; del encaje de bolillos táctico de Pellegrini ya habrá tiempo de hablar cuando vuelva a rodar la pelota.




















