Cuando un tipo como José Bordalás admite abiertamente que su equipo ha tocado fondo, conviene encender todas las alarmas en Coliseum. La goleada encajada por el Getafe ante el Athletic Club en San Mamés (4-0) no solo deja al cuadro azulón coqueteando peligrosamente con los puestos de descenso, sino que certifica el colapso de un bloque que ha encajado nueve goles en apenas dos partidos.
El repaso en Bilbao llegó tras el palo europeo frente al Lugano y dejó una imagen demoledora. Cuatro goles en contra, la expulsión de Mario Martín y un cabreo descomunal en el vestuario que sacó a la luz el capitán David Soria al tildar al equipo de «anticompetitivo». Bordalás no quiso poner paños calientes en sala de prensa: «Respeto su opinión, es el capitán. Nos han hecho tres goles a balón parado, otro en un saque de banda… no nos lo podemos permitir. Hay que hacer una reflexión profunda».
De la roca defensiva a la fragilidad absoluta
Yo esto lo veo claro: si a un equipo de Bordalás le quitas la contundencia en las dos áreas, se queda en nada. Históricamente, los conjuntos del técnico alicantino se han caracterizado por ser un dolor de muelas para cualquier rival, bloques rocosos donde cada disputa de balón se vive como si fuera la última. Sin embargo, lo visto en San Mamés estuvo a años luz de ese sello de identidad.
Encajar tres goles a balón parado en un mismo partido y sumar otro desajuste en un saque de banda rival a la altura del área contraria revela un problema gravísimo de concentración. El propio técnico lo reconoció sin rodeos al analizar la fragilidad defensiva que atraviesan: «La prueba es evidente, nos falta mucha consistencia. Mis equipos siempre han sido solidarios y muy fuertes, pero ahora mismo no estamos a la altura».
Tampoco ayudó la noche a nivel disciplinario. La tarjeta roja a Mario Martín terminó de hundir cualquier opción de reacción en Bilbao. Cuestionado por la acción arbitral, Bordalás prefirió no escudarse en el colegiado: «Prefiero no opinar, al final mi opinión no cambia nada. No podemos justificarnos ni protegernos en una excusa. La derrota ha sido clara y contundente».
Las ausencias en la medular y una semana de tensión
A esta sangría defensiva se le suma un evidente problema de armazón en la medular. Durante la rueda de prensa salieron a la palestra nombres como Mauro Arambarri o Luis Milla, futbolistas capitales en el esquema azulón en etapas recientes. Bordalás admitió que eran piezas «muy, muy importantes», pero rechazó utilizarlos como coartada para justificar el bajón del grupo: «Ahora tenemos los jugadores que tenemos. No podemos pensar en los que no están, sino en los que estamos aquí».
La paliza sufrida en tierras vascas no es un hecho aislado, sino el colofón a una semana convulsa marcada por el tropiezo ante el Lugano y el cruce de declaraciones entre el banquillo y la directiva. La desconexión sobre el verde refleja que el ruido externo ha terminado pasando factura a la plantilla justo en el tramo donde más falta hacía la solidez mental.
Urgencia absoluta para evitar el pozo
El escenario que se le queda al Getafe tras este 4-0 es delicado. La dinámica de encajar nueve tantos en dos compromisos pone de manifiesto que el margen de error se ha agotado por completo. Para un vestuario acostumbrado a sufrir pero a hacerse fuerte en la adversidad, la encrucijada actual exige tomar decisiones drásticas en el día a día de los entrenamientos.
Tocar fondo puede ser el primer paso para reaccionar o el principio de un problema mucho mayor si no se cortan de raíz las despistes en la marca. Toca vigilar muy de cerca cómo responde el vestuario en la siguiente jornada: la capacidad de Bordalás para blindar a su equipo y recuperar la agresividad perdida dictará si esto se queda en un bache negro o en un incendio de dimensiones considerables.




















