A veces el fútbol tiene estas cosas que parecen guionizadas por un romántico de los años noventa. Si eres de los que coleccionaba cromos de la Liga en aquella época, el vestuario actual del Elche te va a dar un viaje de nostalgia directo al corazón. El club ilicitano ha reunido en este inicio de temporada a una auténtica saga de herederos de la élite que promete dar mucho de qué hablar.
Bajo la dirección de Martín Anselmi, el Martínez Valero se ha convertido en el escenario donde coinciden Marc Aguado, Fer Niño, Fede Redondo y Roy Revivo. Cuatro futbolistas con apellidos que resuenan con fuerza en la historia del fútbol español e internacional, pero que ahora buscan consolidarse en la máxima categoría por méritos propios, despojándose de la etiqueta de «hijos de» a base de minutos y rendimiento sobre el césped.
La pizarra de Anselmi y el peso de la herencia
Llevar un apellido ilustre en la espalda es, a partes iguales, una bendición genética y una mochila cargada de piedras. Yo esto lo veo de una forma muy clara: en el fútbol profesional nadie te regala un pase por lo que hizo tu padre hace veinte años. Al contrario, la lupa sobre ellos siempre es el doble de grande. Sin embargo, Anselmi ha sabido aprovechar esa madurez precoz que suelen tener los chicos que han crecido respirando fútbol en el salón de su casa.
Para el esquema del técnico argentino, contar con perfiles como el de Marc Aguado es un auténtico lujo. El centrocampista, que ya demostró de lo que es capaz durante su etapa de crecimiento en el Andorra, se ha asentado en la medular franjiverde. Su padre, Xavi Aguado, es una leyenda absoluta del Real Zaragoza con 473 partidos a sus espaldas y aquella mítica Recopa de 1995. Pero donde el padre ponía el cerrojo y la contundencia defensiva, el hijo aporta la pausa, el criterio y el ritmo de juego. Es el metrónomo que este Elche necesita para dominar los partidos.
Delanteros que nacieron de defensas
El caso de la familia Niño es el mundo al revés, una de esas ironías maravillosas que nos regala este deporte. Fernando Niño padre se ganó la vida durante años como un central implacable, de los que rascaban de lo lindo vistiendo las camisetas del Mallorca y del propio Elche. Pues bien, su hijo, Fer Niño, decidió que era mucho más divertido celebrar los goles que evitarlos. El espigado delantero es la referencia ofensiva de un equipo que busca morder arriba.
Esta mezcla de estirpes, donde también figuran Fede Redondo y Roy Revivo, dota al Elche de una personalidad muy competitiva. De cara a los próximos compromisos ligueros, con citas de máxima exigencia en el horizonte como el enfrentamiento ante el Real Madrid, esta mezcla de juventud, hambre y herencia competitiva va a ser clave para determinar si el proyecto de Anselmi puede aspirar a mirar hacia la mitad alta de la tabla o si le tocará sufrir en la zona fangosa.
De momento, la fórmula funciona y el Martínez Valero disfruta de una de las plantillas con más solera y futuro de la categoría. Habrá que seguir muy de cerca cómo evoluciona esta ‘Saga de los hijos’, porque calidad tienen de sobra para que, dentro de unos años, los padres pasen a ser conocidos simplemente como «el progenitor de».
















