A la selección de Suiza le ha estallado una bomba en el vestuario justo antes de empezar su camino en la Liga de Naciones. Breel Embolo se perderá los próximos cuatro partidos de la ‘Nati’ tras ser apartado temporalmente por falsificar un certificado de vacunación contra la covid-19, siguiendo el mismo camino que el capitán Granit Xhaka.
Aunque la Asociación Suiza de Fútbol ha preferido morderse la lengua y no dar explicaciones oficiales sobre el descarte del delantero, la televisión pública nacional RTS ha puesto las cartas sobre la mesa. El motivo de su ausencia es idéntico al de Xhaka: ambos habrían falsificado sus certificados sanitarios durante la pandemia. La diferencia entre los dos casos es que, mientras el centrocampista sigue bajo la lupa de la Fiscalía de Lucerna, Embolo ya pasó por el aro judicial, pagó su correspondiente multa por falsificación de documentos y pidió perdón públicamente. Sin embargo, el arrepentimiento civil no le ha servido para librarse del castigo deportivo.
El roto deportivo para una Suiza en horas bajas
Yo esto lo veo muy negro para los helvéticos, y os explico por qué. No estamos hablando de dos suplentes que van a rellenar la convocatoria para hacer grupo; hablamos de la columna vertebral del equipo. Embolo, que ahora mismo rinde en el Atlanta United de la MLS, tiene 29 años y es historia viva de su selección. Sus números no engañan a nadie: 26 goles en 92 partidos internacionales. Es el hombre gol de Suiza, ese delantero potente que te fija a los centrales y te soluciona un partido atascado con una genialidad o un desmarque de ruptura.
Si a la baja de tu delantero estrella le sumas la de Granit Xhaka, el auténtico termómetro del centro del campo y líder espiritual del vestuario, el panorama se vuelve desolador. Suiza viene de un año durísimo en el que consumó su descenso a la segunda categoría de la Liga de Naciones. El objetivo prioritario de este parón era iniciar el camino de vuelta a la élite, pero empezar una reconstrucción con los cimientos agrietados por un escándalo extradeportivo es lo peor que le puede pasar a un seleccionador.
Para colmo, el calendario no da tregua. Los suizos se estrenan este mismo sábado contra Macedonia del Norte a domicilio, un viaje siempre incómodo, y tres días después visitan a Escocia. La segunda parte de la ventana internacional les obligará a recibir en Lucerna a Eslovenia y de nuevo a Macedonia del Norte. Cuatro partidos clave en apenas diez días donde se juegan el ascenso y en los que tendrán que inventarse una delantera y un liderazgo completamente nuevos sobre la marcha.
El peso de los errores del pasado
Es curioso cómo las decisiones que tomaste hace unos años en un contexto de crisis mundial te acaban pasando factura cuando menos te lo esperas, en pleno 2026. La pandemia de covid-19 queda ya lejos para el aficionado común, pero los tribunales y las federaciones tienen memoria de elefante. En el caso de Xhaka, la desconfianza hacia las vacunas ya era un secreto a voces en su día, pero el lío judicial en el que está metido ahora con la Fiscalía de Lucerna ha obligado a la federación a tomar medidas drásticas para evitar que el barro salpique a toda la institución.
Con Embolo la situación es diferente en lo legal, pero idéntica en lo moral para el seleccionador. El delantero asumió su culpa, pagó la sanción económica impuesta por los tribunales y mostró arrepentimiento. Deportivamente, sin embargo, el rasero ha sido el mismo. La federación suiza ha querido cortar por lo sano para mandar un mensaje de disciplina y limpieza, aunque eso signifique dispararse en el propio pie antes de saltar al césped.
Ahora le toca al balón hablar. Veremos cómo reacciona un grupo tocado en su orgullo este sábado en Macedonia. El camino de vuelta a la primera división de la Liga de Naciones se ha empinado antes de dar el primer paso.




















