España arranca este sábado su camino en la Nations League frente a Inglaterra con un doble reto sobre el césped. Más allá de los puntos en juego, la selección de Luis de la Fuente pone en juego su corona como campeona del mundo oficial y, curiosamente, también la del título oficioso.
Seguro que te suena la historia. Desde que ganamos aquella final contra Argentina el pasado 19 de julio, la estrella oficial la llevamos en el pecho hasta 2030. Pero hay otro trofeo invisible, uno que se defiende al estilo del boxeo en cada partido que juegas. España llega a esta cita contra los ingleses con el doblete bajo el brazo, tras arrebatarle este título «no oficial» a Perú justo antes de la gran cita mundialista y mantenerlo intacto durante todo el torneo.
¿Cómo funciona este título invisible?
A mí estas historias de fútbol romántico me encantan, qué queréis que os diga. El concepto es tan simple como el mecanismo de un chupete: el que gana el partido se queda con el cinturón de campeón. Si empatas, el poseedor retiene. Es una cadena ininterrumpida que no entiende de amistosos, clasificaciones ni torneos mayores. Para el que juega contra el campeón, cada partido es una final de un Mundial.
Esto significa que, a partir de este sábado contra Inglaterra, España no puede permitirse ni un solo sesteo. Un mal día, un despiste a balón parado o un gol en el último minuto de los ingleses, y el título oficioso volará hacia Londres. La presión es constante porque, a diferencia del Mundial de la FIFA que se guarda en una vitrina durante cuatro años, este cinturón se expone en cada ventana internacional.
La loquísima ruta del cinturón desde 2022
Si echamos la vista atrás, el camino que ha recorrido este título oficioso desde el Mundial de Qatar de 2022 es una auténtica locura que demuestra lo bonito y caótico que es este deporte. Tras el torneo de Qatar, la campeona oficial, Argentina, empezó defendiendo el título. ¿Le duró mucho? Qué va. Uruguay se lo arrebató en las eliminatorias sudamericanas.
A partir de ahí, el trofeo empezó a dar tumbos por todo el planeta. Los uruguayos perdieron contra Costa de Marfil. ‘Los Elefantes’ africanos cayeron poco después ante Sierra Leona, que a su vez no pudo aguantar el empuje de Zambia. ¿Se quedó en África? Ni mucho menos. Rusia le metió una manita a Zambia para reclamar el trono, aunque luego Chile se lo quitó de las manos.
La cosa se puso aún más exótica cuando Nueva Zelanda venció a los chilenos marcándoles cuatro goles. Pero la alegría les duró poco en Oceanía: Haití les endosó otra goleada de cuatro tantos para llevarse el cinturón al Caribe, solo para perderlo tres días después frente a Perú. Y fue precisamente la selección peruana la que, en vísperas del Mundial, cayó ante España, permitiendo que la Roja unificara los dos títulos en una sola vitrina.
Lo que nos espera a partir de ahora
La defensa del título empieza fuerte. Inglaterra es el primer hueso en esta Nations League, un rival herido que querrá cobrarse la revancha y, de paso, llevarse este honor a su país. Pero el calendario no da tregua. Si logramos superar el escollo británico, en el horizonte ya asoma Croacia, contra la que nos mediremos en dos ocasiones en este grupo.
Como decía Eric García en rueda de prensa para disipar cualquier duda sobre la relajación del grupo: «No tenemos el riesgo del estómago lleno, para nada». Y tiene toda la razón. Con un formato tan dinámico, mantener la corona oficiosa exige una tensión competitiva máxima en cada minuto de juego.
Habrá que estar muy atentos a cómo gestiona el seleccionador las rotaciones y el desgaste físico en este inicio de temporada. La gloria de julio ya es historia; ahora toca defender el trono en el barro del día a día, partido a partido. Veremos si somos capaces de retener el cinturón o si inicia un nuevo viaje de locura por el mapa futbolístico.




















