Girona y Mallorca firmaron un empate sin goles (0-0) en Montilivi en un duelo directo por el ascenso que terminó consagrando al guardameta visitante, Arnau Tenas. A pesar de la alerta por lluvias, el agua no apareció sobre el césped, pero tampoco el gol en un partido donde los locales perdonaron demasiado y los baleares resistieron con oficio.
Yo me tragué el partido enterito y, la verdad, el Girona mereció algo más, sobre todo en una primera mitad muy seria. Quique Álvarez repitió el once que viene dándole alegrías y la cosa pudo empezar de cine si el zapatazo de Abel Ruiz desde la frontal no se llega a estrellar en el larguero. Los blanc-i-vermells acumularon hasta nueve disparos antes del descanso por solo dos de un Mallorca que plantó dos puntas arriba pero apenas inquietó a Gazzaniga. El problema de los locales se llamó Arnau Tenas. El portero catalán amargó la noche a Donny van de Beek con un paradón a bocajarro y frustró después a Boñar por banda derecha. En la segunda parte el ritmo decayó, el juego se enfangó en la medular y ni el carrusel de cambios locales —con la vuelta de Bryan Gil y Fran Beltrán— logró derribar el muro bermellón, que resistió el empuje final de Unai Hernández.
¿Qué significa este empate para el Girona y el Mallorca?
A primera vista, un 0-0 en casa te deja cara de pocos amigos. Sin embargo, si miramos el bosque y no solo el árbol, este punto tiene lecturas muy interesantes para ambos proyectos en su pelea por volver a Primera División. Para el Girona de Quique Álvarez, el partido supone una de cal y otra de arena. La parte positiva es obvia: se ha cerrado el grifo atrás. Tras encajar con demasiada facilidad en las jornadas anteriores frente a Cádiz y Albacete, el equipo estuvo mucho más ordenado, protegió mejor su área y apenas concedió transiciones al Mallorca. Mantener la portería a cero contra un rival directo es oro en paño en esta categoría.
La parte negativa es que, por primera vez en lo que va de curso, el Girona se quedó sin ver portería. Venían promediando una cifra fantástica de dos goles por partido, pero esta vez la pólvora estuvo mojada. Faltó ese último pase quirúrgico en los metros finales cuando las piernas empezaron a pesar. Con este reparto de puntos, ambos conjuntos se mantienen firmes en la zona alta de la tabla, demostrando que van a ser dos de los cocos de la categoría, aunque con deberes pendientes en la libreta de sus entrenadores.
La pizarra de Quique, el muro de Tenas y las rotaciones
El Mallorca de Luis García llegó a Montilivi con una idea muy clara: morder arriba con dos referencias ofensivas y complicar la salida de balón catalana. Pero la teoría es una cosa y la práctica es otra. El Girona supo saltar esa presión y dominar las áreas durante gran parte del choque. Si el Mallorca se llevó un botín de Girona fue, casi en exclusiva, por la soberbia actuación de Arnau Tenas. Cuando un portero es elegido el mejor del partido de forma tan unánime, es que algo ha funcionado muy bien bajo tus palos y no tan bien en tu sistema de ayudas defensivas.
Por el lado gironí, la mejor noticia más allá del punto es la recuperación de efectivos de peso. Ver de nuevo sobre el césped a Bryan Gil y a Fran Beltrán, sumado a la frescura que aportó el joven Pyshchur en el tramo final, da a Quique Álvarez un abanico de recursos tremendo para las próximas semanas. El fondo de armario va a ser clave si quieren aguantar el ritmo de los de arriba en una temporada que siempre se hace eternamente larga.
Toca hacer bueno este punto fuera de casa en la próxima jornada. La solidez defensiva ya está recuperada; ahora solo falta que la dinamita de arriba vuelva a funcionar.




















