El Granada sigue lanzado en su particular escalada por la zona alta de la tabla. Los hombres de Los Cármenes sumaron su cuarta victoria consecutiva al imponerse por 2-1 al Real Valladolid en un duelo donde el juego aéreo fue absolutamente determinante. Los cabezazos de Rodelas y Jorge Pascual dejaron sin premio el golazo de Garriel para el conjunto pucelano.
Y eso que la noche no empezó fácil para el cuadro local. El Valladolid arrancó amenazando con llegadas clarísimas: Ponceau la mandó arriba, Barberá no supo resolver un mano a mano con todo a favor y Alberto Flores firmó una intervención brutal a bocajarro ante Tay Abed. Pero en esto del fútbol la contundencia manda. El Granada apretó los dientes y mandó a la red la primera gran oportunidad que tuvo: centro preciso de José Arnaiz desde la banda izquierda y martillazo impecable de Rodelas de cabeza para batir a Aceves.
A partir de ahí, el choque se volvió un auténtico ida y vuelta. Aceves tuvo que sacar de nuevo sus mejores reflejos para evitar el segundo en otro testarazo de Jorge Pascual a pase de Diallo, mientras que Thiago Ojeda, Arnaiz y el propio Pascual merodearon el gol antes de llegar al descanso. Nada más arrancar la segunda mitad, el Granada sufrió la nota negativa del choque con la lesión de José Arnaiz, pero volvió a golpear por arriba gracias a Jorge Pascual para sellar tres puntos de oro, pese al posterior descuento blanquivioleta firmado por Garriel.
La eficacia de cabeza como motor de un playoff provisional
Yo esto lo veo muy claro: cuando enganchas una racha de cuatro victorias seguidas en una categoría tan apretada como esta, no es casualidad. El Granada ha encontrado un punto de madurez y oficio impecable. Supo sufrir cuando el Valladolid dominó los primeros minutos y castigó con una efectividad tremenda cada vez que pisó el área rival.
El impacto del juego aéreo nazarí está siendo demoledor. Mandar en el área rival con rematadores de la talla de Rodelas y Jorge Pascual te da una vida entera en partidos trabados. Esta victoria no solo confirma que el vestuario atraviesa un momento dulce de confianza, sino que los asienta provisionalmente en puestos de playoff de ascenso. Dinámica positiva, pegada arriba y la sensación de que el equipo sabe exactamente a qué juega en cada fase del choque.
Un Valladolid que vuelve a tropezar fuera de casa
Por la otra parte, el diagnóstico del Valladolid empieza a ser preocupante lejos de su estadio. Tras seis desplazamientos en lo que va de competición, el equipo pucelano sigue sin saber lo que es ganar a domicilio. Y no será porque no tuvo oportunidades claras en la primera mitad para haberse puesto por delante o haber cambiado el guion del partido.
El fútbol castiga severamente la falta de contundencia en las dos áreas. Tuvieron el 0-1 en las botas de Ponceau, Barberá y Tay Abed, pero se toparon con un gran Alberto Flores y con su propia falta de acierto. Si a eso le sumas ciertas desatenciones en la marca lateral y en los centros al área, el castigo termina llegando. El golazo de Garriel sirvió para maquillar el resultado y dar emoción al tramo final, pero la asignatura pendiente lejos de Zorrilla sigue estando muy pendiente.
Atentos a la enfermería en Los Cármenes
De cara a los próximos compromisos, la gran preocupación en el bando granadino estará puesta en el estado físico de José Arnaiz. El atacante estaba siendo uno de los hombres más incisivos del choque —suya fue la asistencia servida en bandeja a Rodelas para el primer tanto—, pero tuvo que retirarse lesionado nada más comenzar la segunda parte.
Habrá que ver cómo evoluciona y si esta contratiempo rompe el ritmo del conjunto nazarí, que afronta las siguientes jornadas con la moral por las nubes y el objetivo entre ceja y ceja de afianzarse de manera definitiva en la zona de privilegio.




















