Noche dura en el Coliseum. El Getafe cayó golpeado de forma contundente frente al Lugano por un abultado 2-5 en la segunda jornada de la Conference League. A pesar de empezar ganando muy pronto, los errores defensivos condenaron a los azulones, dejando al delantero Iván Azón como la voz de un vestuario al que le toca hacer un severo examen de conciencia.
Azón, que adelantó al conjunto madrileño en el minuto dos de encuentro, dio la cara tras el pitido final en los micrófonos de Movistar. El ariete aragonés se mostró tajante al valorar lo sucedido sobre el césped: «Hemos concedido tres goles en la primera parte que nos han costado el partido. Tenemos que darle una vuelta, no podemos conceder este tipo de goles y errores». El delantero no buscó paños calientes y apuntó directamente a la falta de tensión: «Tenemos que estar más concentrados y eso depende de cada uno. Hay que hacer autocrítica y pensar los errores que ha cometido cada cual».
Un traspié defensivo impropio de la identidad de Bordalás
Yo esto lo veo claro: si algo ha caracterizado históricamente a los equipos de José Bordalás es la solidez, el rigor táctico y la dificultad que tienen los rivales para hacerles daño. Encajar cinco goles en tu propio estadio ante un rival en teoría inferior rompe por completo esa premisa. Regalar tres tantos en un primer tiempo en Europa es una losa imposible de levantar, por mucho que intentes reaccionar después.
La desesperación del banquillo local quedó patente en el descanso. Tras irse a la caseta perdiendo 1-3, el técnico alicantino tomó una decisión drástica: cuatro cambios de golpe para reiniciar al equipo. Azón también analizó este movimiento del entrenador, evitando señalar a los compañeros sustituidos: «El míster ha querido hacer un lavado de cara al equipo. Pero no creo que fuera solo cosa de los jugadores que ha quitado, ha sido algo de todos los que estábamos en el campo». Un mensaje de vestuario unido que asume la responsabilidad colectiva.
Complicaciones continentales y margen de error reducido
Las consecuencias de este tropiezo no son menores. Tras las dos primeras entregas de la fase de liga de la Conference League, el Getafe apenas suma un punto sobre seis posibles. Lo que parecía un camino plácido para encarrilar la clasificación europea se ha convertido de golpe en un pequeño dolor de cabeza que exigirá máxima exigencia en los próximos compromisos.
El margen de error en un torneo tan corto se reduce drásticamente. Pasar de la euforia inicial tras el gol madrugador de Azón a la desconexión posterior muestra que la tensión defensiva no se puede negociar durante noventa minutos. Ahora la pelota está en el tejado de Bordalás y su cuerpo técnico, que deberán ajustar las tuercas defensivas antes de que las dudas se trasladen a la competición doméstica.
Toca olvidar cuanto antes el varapalo helvético, corregir las facilidades dadas en área propia y demostrar que lo vivido en el Coliseum fue únicamente un fallo puntual en el sistema.




















