El Real Oviedo se ha llevado un buen susto tras el derbi asturiano. Aarón Escandell terminó el partido contra el Sporting de Gijón con una fuerte contusión en el hombro y su presencia para el partido de este viernes contra el Eldense está en el aire. Es el momento de Miguel Narváez.
El club azulón ya ha confirmado que el guardameta se encuentra en pleno proceso de recuperación tras someterse a las correspondientes pruebas médicas. De momento, en las oficinas del Carlos Tartiere prefieren no pillarse los dedos y no han establecido un tiempo estimado de baja. Todo dependerá de las sensaciones del jugador y de cómo responda al tratamiento en las próximas horas. Pero claro, el calendario no espera a nadie y el Eldense ya asoma en el horizonte.
La portería, un puesto donde las dudas se pagan caras
A mí, que he visto pasar a mil porteros por situaciones parecidas, esto me genera un debate interesante. Para un futbolista de campo, una fuerte contusión puede ser molesta, pero con un buen vendaje y un par de paracetamoles a veces se va tirando. Para un portero, el hombro es su herramienta de trabajo más sagrada. Si no puedes apoyar con confianza tras una estirada o si sientes un pinchazo al ir a por un balón aéreo, estás vendido. Y lo que es peor, transmites esa inseguridad a toda tu línea defensiva.
Por eso veo complicadísimo que forzar a Aarón sea una opción viable para este viernes. El partido contra el Sporting fue el domingo y el duelo ante el Eldense es el viernes. Hablamos de apenas cinco días de margen. En el fútbol profesional de hoy en día, con la intensidad que se juega, presentarte bajo palos a un setenta por ciento es jugar con fuego. Yo lo tengo claro: si hay la más mínima duda, lo sensato es parar.
La hora de Miguel Narváez: del Vetusta al primer plano
Y aquí es donde entra en juego la clásica historia de superación que tanto nos gusta en este deporte. La baja potencial de Aarón le abre de par en par las puertas de la portería a Miguel Narváez. El chaval dio el salto este verano desde el Vetusta, el filial ovetense, y se ganó a pulso la ficha con el primer equipo. Pasar de jugar en categorías inferiores a verte con la responsabilidad de defender la portería del Oviedo en el fútbol profesional es un salto de gigante, no os voy a engañar.
Para la defensa del Oviedo, el cambio de cromos bajo palos también supone un reto táctico y psicológico. No es lo mismo tener detrás a tu guardameta de confianza, al que ya le conoces hasta los gestos cuando va a salir a por un córner, que a un chaval que debuta en estas lides. Los centrales tendrán que estar un punto más concentrados, tapar mejor las líneas de pase y, sobre todo, arropar a Narváez desde el pitido inicial. Si el Eldense huele sangre o nota nerviosismo en la zaga asturiana, apretará la salida de balón para poner a prueba al nuevo guardameta.
Este tipo de situaciones son las que definen carreras. Muchos porteros de época empezaron así, casi por accidente, aprovechando una oportunidad imprevista por la lesión del titular. Para Narváez no será fácil, la presión es enorme, pero el fútbol no entiende de esperas: cuando te toca, tienes que demostrar por qué decidieron darte una ficha en la primera plantilla. Habrá que estar muy atentos a los entrenamientos de esta semana para ver si el hombro de Aarón obra el milagro o si asistimos al bautismo de fuego de Narváez.




















