Vaya tarde-noche se vivió en el Ciutat de València. El Levante amargó al Athletic Club con un contundente 3-1 en el partido que tenían pendiente, en un choque marcado por la efectividad granota, los desajustes rojiblancos y una tarjeta roja directa a Laporte que terminó de liquidar cualquier opción de remontada para los leones.
Los de Terzic venían de encajar apenas un gol en sus últimos cinco compromisos ligueros, pero ese cerrojo saltó por los aires en un visto y no visto. Roger Brugué castigó la caraja visitante con dos dianas en apenas dos minutos (20′ y 22′) aprovechando la falta de contundencia en el área de Unai Simón. Álex Berenguer recortó distancias desde el punto de penalti en el 67′ tras un choque de Olasagasti sobre Maroan revisado por el VAR, metiendo al Athletic de lleno en el partido. Sin embargo, cuando mejor estaban los bilbaínos, Aymeric Laporte vio la roja directa en el 73′ por derribar a Dani Requena siendo el último hombre. Con el equipo volcado a la desesperada, Etta Eyong remató la faena en el 98′ al recoger un rechace para firmar el definitivo tres a uno ante 18.779 espectadores.
Las pérdidas infantiles y una zaga que se desconectó en dos minutos
Yo esto lo veo muy claro: en la élite no puedes regalar dos posesiones seguidas en zona de compromiso y esperar salir indemne. El Athletic arrancó dominando el balón y pisando campo contrario con comodidad mediante internadas de Hugo Rincón y Berenguer, pero el fútbol no perdona la falta de colmillo ni las desconexiones atrás. En un abrir y cerrar de ojos, dos pérdidas absurdas de Johaneko y Jauregizar retrataron por completo a la defensa rojiblanca.
Brugué, que estuvo de dulce durante todo su tiempo en el césped, olió la sangre perfectamente. Estuvo atento a los rechaces, fue con más fe que nadie y fusiló a Unai Simón por partida doble antes de llegar a la mitad del primer tiempo. Pasar de encajar un solo gol en cinco jornadas a recibir dos en 120 segundos es un mazazo psicológico del que muy pocos equipos logran rehacerse sin dejar cicatrices.
Terzic agitó el árbol tras el descanso buscando más profundidad. Dio entrada a piezas como Nico Williams o Aitor Paredes, y el equipo pareció encontrar el camino cuando el VAR detectó el penalti sobre Maroan —titular por la lesión de Guruzeta y la suplencia de Iñaki Williams—. Berenguer no perdonó desde los once metros y devolvió la esperanza a los leones con más de media hora por delante.
El peaje de la roja a Laporte y las rotaciones de Terzic
Pero la alegría duró poco. El ímpetu ofensivo del Athletic dejó desprotegida la espalda de su zaga, y en un contragolpe fulgurante del Levante, Laporte tuvo que frenar a Requena en seco. La decisión arbitral de Alejandro Quintero González no dejó lugar a la duda: tarjeta roja directa por ser el último defensor. Jugar con diez hombres durante los últimos 20 minutos fue una losa demasiado pesada para un conjunto que ya venía bastante justo de fuerzas.
La expulsión del central franconorteafricano supone un contratiempo gigantesco para Terzic de cara a las próximas fechas. Perder a tu mariscal defensivo por sanción obliga al técnico a reconfigurar una línea de cuatro que ya mostró fisuras evidentes en Orriols, donde el regreso de Yeray y Yuri tras la rotación de Mestalla no bastó para dotar al bloque de la solidez habitual. La falta de contundencia en las dos áreas y el desajuste en el doble pivote son deberes urgentes que el entrenador tendrá que corregir en el vestuario.
El Levante encuentra su plan perfecto ante el desorden leonés
Por su parte, el planteamiento de Julián Calero (con cuatro novedades en su once respecto al duelo de Riazor) salió a pedir de boca. Los ingresos de Mandi, Manu Sánchez, Olasagasti y Ratkov le dieron al cuadro granota una estructura correosa, capaz de juntar líneas, resistir el dominio territorial visitante y matar con espacios. El acierto en momentos clave fue la gran diferencia de la contienda.
Con este triunfo, el Levante reafirma su idea de juego pragmática y efectiva, demostrando que no necesita acumular mucha posesión para golpear con dureza a rivales de empaque. El Athletic, en cambio, se marcha golpeado y obligado a revisar su balance defensivo antes de su próximo compromiso liguero, donde no podrá contar con su jefe de la saga.
Habrá que ver cómo recompone Terzic la zaga sin Laporte disponible y si logra recuperar la versión sólida de un equipo que, cuando pierde el orden, lo paga tremendamente caro.




















