El Málaga Futsal se ha visto obligado a empezar prácticamente desde cero en la Segunda Andaluza tras un durísimo litigio veraniego con la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). A pesar del tremendo golpe deportivo y administrativo que ha desmantelado su plantilla, su presidente, José Carlos Rodríguez, avisa de que el club sigue muy vivo.
La realidad actual es cruda. El equipo malagueño, que por méritos cosechados sobre la pista debería estar compitiendo en una categoría muy superior, se encuentra ahora en el barro del fútbol sala regional. En declaraciones concedidas a MARCA, el presidente José Carlos Rodríguez ha sido tajante ante este doloroso reinicio: «A nosotros no nos matan así de fácil. Es verdad que nos han hecho mucha pupa». Una frase que resume a la perfección la tremenda impotencia que arrastra la directiva tras meses de recursos, despachos y un conflicto federativo que ha terminado de la peor manera posible para sus intereses inmediatos.
El impacto de un descenso administrativo en la plantilla
Yo esto lo veo como un auténtico drama deportivo, de esos que se juegan con traje y corbata en los despachos pero se sufren de corto sobre el parqué. Imagina que te ganas un ascenso trabajando duro cada día y, de la noche a la mañana, un papel firmado en una oficina te manda de vuelta a la casilla de salida. Pues ese es el castigo que está asumiendo el Málaga Futsal sin haberlo merecido en la cancha.
La consecuencia más inmediata y dañina de esta resolución ha sido el desmantelamiento casi total del vestuario. Cuando un proyecto se ve obligado a competir en el fútbol sala autonómico, retener el talento profesional se vuelve una tarea imposible. Gran parte de los jugadores han tenido que hacer las maletas y buscar acomodo en otros equipos para no frenar sus carreras. Al fin y al cabo, el deporte es su sustento y no se les puede pedir que se queden en categorías regionales por puro romanticismo. El golpe, por tanto, es doble: pierdes tu sitio en el mapa nacional y pierdes el bloque de jugadores que te llevó hasta allí.
La cantera como único salvavidas y la vía judicial abierta
¿Y ahora qué? Toca agarrarse a lo que siempre sostiene a los clubes de verdad cuando el dinero y la política federativa fallan: la casa. El proyecto de cantera se convierte, por obligación y por convicción, en el pilar maestro sobre el que reconstruir las bases del Málaga Futsal. Es un proceso lento, de esos que exigen paciencia infinita y asumir que habrá que picar mucha piedra. Jugar con chicos de la base en estas categorías te asegura identidad y compromiso, pero también exige una maduración competitiva a marchas forzadas.
Eso sí, que nadie piense que en las oficinas del club malagueño han tirado la toalla definitiva. La vía judicial ordinaria sigue abierta y en la directiva mantienen la firme esperanza de que una resolución futura les acabe dando la razón y cambie este injusto escenario. El gran problema es que los tiempos de la justicia nunca van al ritmo del balón. Mientras los jueces deciden en sus palacios, al Málaga Futsal le tocará ganarse el respeto cada fin de semana en pabellones modestos, sabiendo que su sitio real está mucho más arriba.
Habrá que seguir muy de cerca cómo responde este nuevo y joven Málaga Futsal en su debut en la Segunda Andaluza. El camino de vuelta va a ser largo y empinado, pero el orgullo y la rebeldía ya los llevan de serie.




















