El Milan de Rúben Amorim volvió a frenarse en la Serie A tras empatar 1-1 en su visita al Sassuolo. Aunque los rossoneri se mantienen invictos tras las primeras seis jornadas del campeonato, su tercer empate de la temporada los aleja a cuatro puntos del liderato que comparten el Inter y la Lazio. Otra tarde de más dudas que certezas.
El encuentro en el Mapei Stadium tardó media hora en arrancar y dejó la mala noticia de la lesión muscular de Matteo Gabbia, retirado en camilla en el primer tramo. Adrien Rabiot adelantó a los visitantes en la segunda mitad tras un gran pase de Luka Modrić, pero Cas Odenthal aprovechó la falta de contundencia defensiva milanista apenas cuatro minutos después para sellar el reparto de puntos definitivo.
El muro de Murić y el chispazo de Modrić
Os lo digo abiertamente: la primera media hora del partido fue de las que cuesta digerir. Cero disparos a puerta, ritmo plano y un Milan que no encontraba la manera de meterle mano a la estructura del Sassuolo. Por no haber, no hubo ni fluidez en las disputas. Lo más reseñable de ese tramo inicial fueron los percances físicos, con la retirada obligada de Fedde Leysen en los locales y, sobre todo, el contratiempo para Amorim con la lesión muscular de Gabbia, que tuvo que dejar su sitio a De Winter en el minuto 20.
Hizo falta que Diego Moreira se agitase en la banda para que el choque cogiera algo de temperatura. El interior belga asumió el peso del ataque rossonero, botó una falta desde la derecha que Rabiot cabeceó alto y sirvió de catalizador para que Gonçalo Ramos apareciera en escena. El ariete portugués dispuso de una doble ocasión clarísima al borde del descanso: primero con un recorte de tacón exquisito cuyo remate abajo repelió Arijanet Murić, y acto seguido con un testarazo que volvió a toparse con el meta kosovar. Murić no se quedó ahí y en el añadido de la primera parte le sacó un balón picado a Strahinja Pavlović. El portero local estaba firmando una actuación de las que desesperan a cualquiera.
En la caseta, Amorim tiró de jerarquía. Luka Modrić, al que el técnico había reservado de inicio tras medirse dos veces con Croacia a la selección española, entró al campo por Estupiñán. Y se notó de inmediato. El veterano centrocampista le puso luz y criterio a la circulación milanista. En el minuto 63, Modrić filtró un pase medido dentro del área para que Rabiot, entrando con todo por la izquierda, fusilara al palo corto de Murić para hacer el 0-1. La lata estaba por fin abierta y parecía que lo más difícil ya se había conseguido.
El peaje de la desconexión defensiva
Pero este Milan tiene un problema serio de continuidad en los partidos, y en Reggio Emilia volvió a quedar al desnudo. Cuando lo lógico era madurar la ventaja y obligar al Sassuolo a descubrirse, el equipo se confió y descuidó la parcela defensiva. Apenas un par de minutos después del gol de Rabiot, un aviso directo de Kieron Bowie y Kristian Thorstvedt obligó a Mike Maignan a emplearse a fondo con una gran doble intervención. Sin embargo, en la jugada posterior la zaga rossonera volvió a pecar de blanda.
Nadie acertó a despejar con contundencia un balón suelto en el área chica y Cas Odenthal, el central que había entrado en la primera mitad sustituyendo al lesionado Leysen, embocó la pelota entre un bosque de piernas para poner el 1-1 en el minuto 68. Cuatro minutos le duró la alegría al conjunto de Amorim. A partir de ahí, el choque se volvió a atascar en el mismo guion: un Sassuolo replegado buscando hacer daño con juego directo y un Milan impotente al que solo un disparo lejano de Samuel Chukwueze logró inquietar ligeramente la portería de Murić antes del pitido final.
Invictos en la tabla, castigados por los empates
Analizando lo ocurrido fríamente, la racha sin perder de Rúben Amorim viste mucho en el casillero de derrotas, pero la realidad de la clasificación dice otra cosa. Seis jornadas disputadas y tres empates suponen haber dejado escapar seis puntos por el camino. Una sangría silenciosa que ya coloca al Milan a cuatro puntos de la cabeza, ocupada por el Inter y la Lazio. En una Serie A donde los de arriba no perdonan, dejarse puntos ante rivales de la zona media termina pasando factura.
A la pérdida de terreno en la tabla hay que sumarle la preocupación por el estado físico de Matteo Gabbia. Su retirada en camilla deja mermada la zaga en un momento donde el calendario no da tregua. Con Pavlović y De Winter cargados de tarjetas amarillas durante el partido y con la necesidad imperiosa de empezar a sumar de tres en tres, Amorim tiene trabajo por delante para ajustar la contundencia en las dos áreas.
Toca estar muy atentos a los próximos compromisos del cuadro rossonero para comprobar si el técnico portugués logra dar con la tecla en la zona de creación o si el equipo sigue dependiendo en exceso de la inspiración individual de piezas como Modrić o Moreira para generar peligro real.




















