El Real Oviedo ha hecho oficial la incorporación de José Luis Morales, que a sus 39 años se convierte en el último y más llamativo refuerzo para la delantera de Julián Calero. El atacante madrileño, que llega libre tras pasar cinco meses sin equipo, fue presentado este jueves en el Carlos Tartiere y se mostró listo para debutar de inmediato en el exigente compromiso de este lunes ante el Eibar.
Yo siempre he pensado que en el fútbol el carné de identidad es lo de menos si las piernas responden y el hambre sigue ahí. Morales llega a Asturias con las cosas muy claras: «He venido aquí para ayudar desde el primer momento», aseguró en rueda de prensa. Tras acabar su etapa en el Levante, el delantero ha tenido que ejercitarse en solitario durante casi medio año esperando un proyecto que de verdad le motivase. Finalmente, la dirección deportiva azulona aceleró la operación la semana pasada para cerrar un fichaje que aporta veteranía y gol a partes iguales.
Un extintor para una delantera en cuadro
Si miramos la plantilla del Oviedo ahora mismo, la llegada de Morales no es solo un lujo de mercado de última hora; es una necesidad absoluta. La enfermería del Carlos Tartiere parece la sala de espera de un hospital en plena campaña de gripe. Julián Calero tiene una lista de bajas que asusta a cualquiera: Estanis Pedrola, Ilyas Chaira, Juan Cruz, Carlos Fernández, Alexandru Isfan y Chris Ramos están totalmente descartados para el próximo compromiso. Con este panorama, el técnico madrileño necesitaba aire fresco arriba como el comer.
Ahí es donde entra el «Comandante». Aunque Morales aclaró que Calero no le llamó directamente para convencerle, la sintonía entre ambos es total tras haber compartido año y medio en el Levante. El míster sabe perfectamente qué rendimiento puede exprimir de un futbolista que, a pesar de su veteranía, mantiene esa intuición espacial y esa facilidad para ver puerta que no se pierden con los años. Morales puede actuar en banda o como segundo punta, ofreciendo soluciones inmediatas en un momento crítico de la temporada.
Además, el estado físico del jugador no debería ser un problema importante. A pesar de haber estado sin equipo desde el final del curso pasado, el madrileño ha seguido un estricto plan de entrenamiento individual para estar a tono. «No he dejado de entrenar», confesó el propio futbolista, que se ve plenamente capacitado para vestirse de corto este mismo lunes si el cuerpo técnico lo considera oportuno.
El líder de Segunda visita el Tartiere
El estreno de Morales no se dará en un escenario precisamente sencillo. El Oviedo recibe este lunes a las 18:30 horas al Eibar, actual líder de la categoría de plata. Es una prueba de fuego para calibrar las aspiraciones de un Oviedo que, pese a ser uno de los tres recién descendidos de la máxima categoría, se encuentra actualmente en la zona media de la tabla, a nueve puntos de los puestos de ascenso directo.
La Segunda División es una carrera de fondo, un territorio hostil donde la experiencia vale su peso en oro. Morales, que conoce la categoría de sobra y ya vistió en su día la camiseta del conjunto armero, prefiere mantener los pies en el suelo: «Desde fuera he visto un gran club, ambicioso, que da pasos hacia adelante para crecer. Hablar ahora de ascenso no sé, todavía es muy pronto y la Segunda es súper complicada». Una dosis de realismo necesaria para un vestuario que necesita encadenar buenos resultados para no descolgarse de la pelea de arriba.
La buena noticia para Calero es que, más allá de la llegada del atacante, el guardameta Aarón Escandell ya se ejercita sobre el césped y no está descartado para la cita del lunes, lo que podría aliviar algo la plaga de ausencias que sufre el equipo.
Habrá que ver si Calero decide darle la alternativa al madrileño de inicio o prefiere reservarlo como revulsivo para la segunda mitad. Lo que es seguro es que el Tartiere tiene un nuevo argumento ofensivo al que agarrarse para empezar a escalar posiciones.




















