Olivier Giroud ha cumplido 40 años y, para celebrarlo, nos ha dejado una de esas confesiones que explican a la perfección cómo funciona realmente el fútbol de élite detrás de los focos. El delantero francés desveló que en 2018 estuvo muy cerca de fichar por el Borussia Dortmund, pero un ultimátum de su esposa lo cambió todo.
El atacante, que actualmente milita en las filas del Lille, explicó en un programa especial de Canal+ (del que se ha hecho eco Goal) los detalles de aquel movido mercado de invierno de 2018. Por entonces, Giroud apenas contaba con minutos en el Arsenal y necesitaba urgentemente jugar para asegurar su billete al Mundial con la selección francesa. La opción de recalar en la Bundesliga estaba sobre la mesa y el Dortmund apretaba, pero su mujer, Jen, acababa de dar a luz a su tercer hijo a finales de enero y se plantó de forma tajante: «Olvídalo. Si ahora me llevas a otro país, a Alemania y encima a Dortmund, entonces te mato». Ante semejante panorama, el ariete descartó la aventura alemana y acabó firmando por el Chelsea.
El peso invisible de la familia en el mercado de fichajes
A veces nos empeñamos en analizar los fichajes únicamente desde la pizarra, los millones o el encaje táctico de un jugador en un esquema determinado. Nos olvidamos de que, detrás del futbolista que vemos correr por el césped los fines de semana, hay una persona de carne y hueso con una vida familiar que organizar. Yo esto lo veo clarísimo: la decisión de Giroud nos demuestra que el factor humano y la estabilidad del hogar pesan tanto o más que cualquier gran proyecto deportivo que te pongan sobre la mesa.
Ponte en su situación por un momento. Te encuentras en un momento crítico de tu carrera, viendo los partidos desde el banquillo del Arsenal y con el temor real de quedarte fuera de la lista para el Mundial. Te llega una propuesta de un club histórico y competitivo como el Borussia Dortmund, una oportunidad de oro para reivindicicarte. Pero en casa tienes a un bebé recién nacido y a tu pareja diciéndote, con toda la razón del mundo, que no piensa mudarse de país en pleno invierno. La logística familiar manda, y más cuando se trata de un tercer hijo.
Al final, la jugada le salió redonda al delantero galo. No tuvo que mudar a su familia de Inglaterra, se mantuvo en la exigente Premier League cambiando el Emirates Stadium por Stamford Bridge y logró el rodaje necesario sobre el césped para acudir a la llamada de su selección nacional. El fútbol tiene estas carambolas del destino. Lo que parecía un grave problema de futuro y un dolor de cabeza familiar acabó resolviéndose con un traspaso de apenas unos kilómetros dentro de la misma ciudad de Londres, manteniendo la paz en casa y la competitividad en el campo.
La madurez de un delantero incombustible
Ver a Giroud soplar 40 velas todavía en activo y compitiendo al máximo nivel en el Lille es el reflejo de una carrera deportiva gestionada con muchísima inteligencia y cabeza fría. Aquel no fichaje por el Dortmund en el mercado invernal de 2018 podría haber cambiado por completo su trayectoria en el fútbol europeo. En lugar de tener que adaptarse a un fútbol tan físico, vertical y de transiciones rápidas como el de la Bundesliga, prefirió la seguridad de una liga que ya conocía a la perfección como la inglesa.
A menudo tendemos a pensar que los futbolistas profesionales son simples cromos que los clubes pueden mover de un lado a otro del mapa con total facilidad y sin consecuencias. Historias tan humanas como la de Giroud y su no salida a Alemania nos recuerdan que, al final de la corrida, las decisiones más determinantes de una carrera deportiva se toman en la mesa del comedor, buscando el bienestar común de los tuyos.
Habrá que seguir muy de cerca cómo rinde este incombustible delantero en el Lille durante esta temporada de su cuarenta aniversario. Desde luego, carácter, veteranía y goles no le van a faltar para seguir dando mucha guerra dentro del área.




















