Xavi Hernández busca este domingo en Belgrado su primera gran noche al frente de la selección de Países Bajos. Tras dejar una imagen muy prometedora en su debut con un empate ante Alemania, la ‘Oranje’ visita a una Serbia en crisis en el siempre caliente Rajko Mitić, un escenario ideal para medir el calado del nuevo proyecto del técnico catalán.
El estreno de Xavi nos dejó detalles muy interesantes. El 1-1 contra la ‘Mannschaft’ supo a poco para lo que se vio en la segunda parte, donde la selección neerlandesa dio un paso adelante y demostró que quiere el balón, presiona arriba y muerde. Ahora toca refrendar esas sensaciones lejos de casa, ante un rival herido que llega tras caer de forma dramática ante Grecia (1-2) en el último suspiro y con su afición de uñas.
La pizarra de Xavi: juventud, descaro y el ‘factor’ Van Bommel
A mí lo que más me gustó del debut de Xavi fue la personalidad de su equipo cuando las cosas se pusieron feas. No es fácil ir perdiendo contra Alemania y acabar dominando el partido a través de la posesión y la intensidad. El técnico egarense tiene claro su manual: quiere una Países Bajos protagonista, que someta al rival y que no especule. Y para ello está confiando en savia nueva.
Aquí es donde entra una de esas historias que tanto nos gustan a los románticos del fútbol. En el debut de Xavi, la alternativa la tuvo Ruben Van Bommel, que no tardó en dejar su sello dándole la asistencia a Cody Gakpo para el gol del empate. Yo me acuerdo perfectamente de cuando Xavi compartía vestuario en el Barcelona con Mark van Bommel, el padre de la criatura, en aquella gloriosa temporada 2005-06. Ver ahora al excentrocampista dándole la alternativa al hijo de su antiguo compañero es de esas cosas maravillosas que solo te regala este deporte. Y ojo, porque Ruben apunta a repetir en el once de este domingo en Belgrado junto a otros jóvenes como Crysencio Summerville o Quentin Timber, que están pidiendo paso a gritos.
Por supuesto, la revolución de Xavi no es total ni destructiva. Mantiene los cimientos firmes. Virgil van Dijk sigue siendo el capitán indiscutible en el eje de la zaga, escoltado por Van de Ven y Van Hecke en una defensa de plenas garantías. En el centro del campo, la tripleta formada por Joey Veerman, Ryan Gravenberch y Tijjani Reijnders tiene la misión de adueñarse de la pelota y marcar el ritmo del partido. Es una medular con mucho dinamismo, ideal para el fútbol de posesión que propone Xavi, pero que tendrá que andar muy lista en las vigilancias defensivas para no dejar desprotegida a la zaga ante las transiciones serbias. Arriba, a falta de que se aclare el futuro de un Memphis Depay que de momento no cuenta pero al que no se le ha cerrado la puerta, la responsabilidad del gol recae en Gakpo.
Una Serbia al límite en el ‘Pequeño Maracaná’
El escenario del partido no es un sitio cualquiera. El Rajko Mitić, conocido mundialmente como el ‘Pequeño Maracaná’, suele ser una caldera insoportable para los visitantes. Sin embargo, las cosas por Belgrado andan revueltas. Serbia viene de un batacazo tremendo tras quedarse fuera del último Mundial y la derrota del pasado jueves ante Grecia ha terminado de encender los ánimos. Ganaban en el minuto 4, pero acabaron encajando el 1-2 definitivo en el minuto 95. La pitada de su propio público fue monumental.
Por eso, el equipo que dirige Dragan Stojkovic no puede permitirse el lujo de salir a verlas venir. Tienen futbolistas con mucho colmillo y experiencia como Dušan Tadić, Luka Jović o Filip Kostić, apoyados en la potencia física de Sergej Milinković-Savić en la medular. Si la ‘Oranje’ no anda fina en la circulación, Serbia tiene armas de sobra para hacer daño a la contra y a balón parado. El polaco Szymon Marciniak, un árbitro de plenas garantías para partidos de alta tensión, será el encargado de impartir justicia.
La gran duda táctica para este domingo es ver cómo reacciona Serbia ante la propuesta de Países Bajos. Si deciden presionar arriba para congraciarse con su gente o si prefieren replegarse y buscar las transiciones rápidas explotando la velocidad de sus bandas. Para Xavi, este partido es un examen de madurez competitivo: ganar en Belgrado exige tanto fútbol como personalidad.
Habrá que estar muy atentos a los primeros minutos en Belgrado. Si Países Bajos consigue dominar el balón y adormecer el ímpetu inicial serbio, la impaciencia de la grada local puede jugar muy a favor de los de Xavi Hernández.




















