Luis de la Fuente ya no es solo el seleccionador nacional; para muchos, se ha convertido en una institución intocable dentro del fútbol español. Así lo defendió el analista Pepe Brasín en Radio MARCA, asegurando que el técnico riojano, actual campeón del mundo, es «casi parte del escudo» tras haber pacificado un banquillo históricamente triturador.
El debate se encendió en ‘La Tribu’ a raíz de la nominación de De la Fuente al Balón de Oro de entrenadores. Raúl Varela abrió el melón sobre si tiene el mismo mérito dirigir un club que una selección, y Brasín lo tuvo claro: «Es otro trabajo». El colaborador de las ondas argumentó que, aunque un seleccionador no vive el día a día del entrenamiento semanal, acumula una presión brutal concentrada en torneos cortos. Y ahí es donde el de Haro ha hecho historia, logrando algo casi milagroso en nuestro fútbol: «Hemos desguazado a todos los seleccionadores nacionales… De la Fuente ha escapado», sentenció Brasín en su sección.
El arte de sobrevivir en el banquillo más caliente
A mí, que llevo unos cuantos años viendo pasar entrenadores por Las Rozas, lo que dice Brasín me parece una verdad como un templo. El banquillo de España no es un puesto de trabajo común; es una trituradora de prestigio. Si echamos la vista atrás, la lista de víctimas es interminable. Da igual lo que ganes o lo bien que juegues, siempre hay un sector de la prensa o de la afición listo para afilar los cuchillos. Pasó con Luis Aragonés antes de la Eurocopa de 2008, pasó con Vicente del Bosque en sus últimos años, y qué os voy a contar de la tormentosa etapa de Luis Enrique o del caótico adiós de Julen Lopetegui en Rusia.
Por eso, que Luis de la Fuente haya conseguido esquivar esa quema pública tiene un mérito tremendo. Llegó casi de puntillas, ascendido desde las categorías inferiores bajo la sospecha de ser un perfil «blando» o un hombre de paja de la Federación. Y resulta que ese perfil bajo, esa normalidad casi funcionarial, ha sido su mejor escudo protector. No busca el conflicto, no da titulares incendiarios en Twitch y no se pelea con los periodistas. Simplemente gana. Y cuando ganas, la crítica se queda sin argumentos.
¿Vale lo mismo un seleccionador que un técnico de club?
La comparación que planteaban en el programa entre el día a día de un club y el trabajo de selección es muy interesante. Es verdad que un entrenador de club se come la presión cada tres días. Si pierdes un domingo, el lunes tienes un incendio en el vestuario. El seleccionador, en cambio, pasa meses analizando vídeos, viajando para ver futbolistas y rompiéndose la cabeza para encajar las piezas en listas de 23 o 26 nombres donde siempre se queda fuera alguien que la afición reclama.
Pero el matiz clave está en el margen de error. En un club puedes tener un bache en noviembre y recuperarte en primavera. En una Eurocopa o en un Mundial, un mal día te manda a casa y te sella el destino para los próximos dos años. De la Fuente ha demostrado dominar ese formato de vida o muerte como pocos. Ha sabido gestionar los egos de un vestuario campeón del mundo, dar vuelo a jóvenes talentos sin quemarlos y, sobre todo, mantener una calma contagiosa que se nota en el campo. No hay histerismo en sus decisiones, y eso, a nivel internacional, vale oro.
Lo que viene para la Selección
Que se hable de De la Fuente para el Balón de Oro de entrenadores no es un brindis al sol. Es el reconocimiento a un modelo de gestión que prioriza el grupo por encima del individuo. España ha recuperado ese estatus de gigante temido y respetado en todo el planeta, y lo ha hecho sin necesidad de un técnico estrella que acapare todos los focos.
A partir de ahora, el reto de De la Fuente es gestionar su propio éxito. Cuando eres «casi parte del escudo», la exigencia ya no es competir bien, sino rozar la perfección en cada ventana de partidos. La Nations League y los próximos compromisos oficiales ya no se verán como meros trámites, sino como la reválida constante de un bloque que se ha acostumbrado a mirar a todos desde arriba. Veremos si esa paz que destaca Brasín se mantiene intacta cuando vuelvan las curvas, pero de momento, el técnico se ha ganado el derecho a trabajar con un crédito que muy pocos han tenido en la historia de la Roja.




















