Hay cosas en la Champions que parecen escritas por el mismo guionista de siempre. Este martes en el Bernabéu, el Real Madrid encarriló su debut europeo ante el Inter de Milán con un 2-0 que nos hizo frotarnos los ojos. No por el resultado, sino por cómo llegó: una pifia monumental del portero Josep Martínez provocada por la fe inquebrantable de Fede Valverde.
Con 1-0 en el marcador tras el zarpazo inicial de Kylian Mbappé, el guardameta español del Inter recibió un balón aparentemente inofensivo en su área pequeña. En lugar de quitárselo de encima, decidió que era buena idea intentar regatear a Valverde. Spoiler: salió mal. El uruguayo, que corre como si le debieran dinero, le adivinó la intención, fue al suelo con todo y el rebote terminó besando la red para poner tierra de por medio en el marcador.
¿Qué significa este golpe para el Inter y el Madrid?
Yo esto lo veo clarísimo: la presión alta ya no es solo una opción táctica, es un generador de pánico escénico. Para el Inter de Milán, este mazazo psicológico en la primera jornada de la liguilla duele el doble. Josep Martínez, que buscaba asentarse en la portería neroazzurra, se estrena en el gran escenario con un borrón de los que marcan carreras. Jugar en el Bernabéu exige un extra de concentración que hoy el guardameta valenciano, internacional español en 2021, no supo gestionar bajo la tremenda exigencia física de los blancos.
Para el Real Madrid, la película es radicalmente distinta. El equipo de Carlo Ancelotti demuestra que mantiene intacto ese colmillo afilado que intimida a los rivales antes de que empiece a rodar el balón. Fede Valverde hereda los galones de la presión que antes ejercía Karim Benzema. El uruguayo no solo aporta pulmón en el centro del campo, sino que se ha convertido en el primer defensor en campo contrario, contagiando a un Bernabéu que huele la sangre en cuanto un portero rival duda una décima de segundo.
El selecto club de las pifias en Chamartín
Lo de Josep Martínez no es un hecho aislado; es casi una tradición de la Copa de Europa. El guardameta del Inter acaba de rellenar la ficha de inscripción para entrar en un club de lo más selecto, pero en el que nadie quiere estar. Si echamos la vista atrás, la lista de porteros que han sufrido el «efecto Bernabéu» o la presión asfixiante del Madrid asusta a cualquiera.
El caso más calcado es el de Gianluigi Donnarumma en 2022. Aquella noche de octavos de final, el PSG dominaba con comodidad gracias a Messi y Mbappé, hasta que Karim Benzema fue a apretar al italiano. Donnarumma se durmió, perdió el cuero y Vinicius regaló el gol al propio Karim para desatar una de las remontadas más inverosímiles que recuerdo. El francés ya había patentado el truco años antes, en 2018, cuando forzó el recordado error de Sven Ulreich en una semifinal contra el Bayern de Múnich, o cuando desquició a Loris Karius en la final de Kiev ante el Liverpool taponando un saque con la mano.
Pero la maldición no se queda ahí. Edouard Mendy con el Chelsea en Stamford Bridge, Alisson Becker con el Liverpool en Anfield en 2023, o el mismísimo Manuel Neuer en las semifinales de 2024 también han entregado regalos de Navidad anticipados cuando el escudo madridista apretaba. Josep Martínez es solo el último de una larga estirpe de excelentes porteros que, de repente, sufren un cortocircuito inexplicable al sentir el aliento de la camiseta blanca.
A partir de ahora, los rivales que visiten Chamartín ya saben lo que hay: el balón en el área propia quema. Veremos cómo se levanta el Inter de este golpe y si Martínez logra pasar página rápido, porque la Champions no espera a nadie.




















