El Real Betis ha cerrado un mercado de fichajes de lo más agitado, marcado por un equilibrio financiero casi milimétrico y la exigencia de las plusvalías. El club ha invertido unos 30 millones de euros, prácticamente lo mismo que ha ingresado por ventas. Una balanza a cero que, pese a traer a Dani Ceballos y Troy Parrott, deja deberes pendientes en la plantilla de Manuel Pellegrini.
Yo esto lo veo como cuando intentas cuadrar las cuentas a fin de mes: si entra lo mismo que sale, no puedes darte caprichos. El presidente bético, Ángel Haro, y el director deportivo, Manu Fajardo, salieron a dar la cara en rueda de prensa tras presentar a sus dos últimos cromos. Haro fue contundente ante el ambiente de crispación: «El derrotismo no se lo compro a nadie». Y es verdad que se ha mantenido el bloque fuerte que metió al equipo en Champions —ahí siguen los Antony, Abde, Cucho, Fornals, Isco o Natan—, pero el regusto que le queda al bético de a pie tiene un punto de frustración.
El choque de ideas entre Pellegrini y la dirección deportiva
Aquí es donde la teoría económica choca de frente con el césped. Pellegrini, que de esto sabe un rato, llevaba tiempo pidiendo a gritos un centrocampista de corte posicional. Un stopper clásico, de los que barren la zona y dan equilibrio. Sin embargo, la Dirección Deportiva bética tenía otros planes: no querían taponar la progresión de Facundo Bernal, que es la gran apuesta de futuro de la casa. Al final, ni llegó el pivote ni se pudo incorporar a ese central de jerarquía que pedía el técnico chileno para subir el nivel atrás.
Para colmo de males, la rampa de salida se quedó atascada. En los despachos del Villamarín contaban con aligerar equipaje en la medular, pero ni Iker Losada, ni Nelson Deossa, ni Álvaro Fidalgo aceptaron las propuestas que tenían sobre la mesa para marcharse. Resultado: overbooking en algunas zonas del campo y escasez de efectivos puros en otras. Una plantilla algo descompensada que obligará al «Ingeniero» a hacer magia con lo que tiene.
¿Cómo afecta esto al once del Betis en Champions?
La llegada de Dani Ceballos a última hora es un caramelo que a cualquier aficionado le alegra el día. Es el retorno del hijo pródigo, un futbolista con una calidad diferencial que puede cambiar el ritmo de un partido con un solo pase. Pero, tácticamente, su encaje va a exigir un esfuerzo extra. Con la enfermería bética recuperando efectivos y nombres como Isco o Fornals en la rotación, Pellegrini va a tener que hilar muy fino para que tanto talento no se pise los talones en tres cuartos de campo.
La gran incógnita estará en la consistencia defensiva. Jugar la máxima competición europea con una línea de centrales que el propio cuerpo técnico quería reforzar es un riesgo evidente. Si las lesiones respetan a Natan y compañía, el Betis mantendrá el tipo, pero el fondo de armario en el eje de la zaga se antoja corto para un calendario que no va a dar tregua entre Liga y Champions. A Pellegrini le toca demostrar por qué es uno de los mejores gestores de grupo del fútbol actual.
Toca abrocharse los cinturones. El balón dictará sentencia y veremos si este encaje de bolillos financiero es suficiente para competir al máximo nivel.

















