El fútbol tiene estas cosas: a veces el calendario te cruza con tu gran amor en su peor momento. Quique Sánchez Flores, ahora a los mandos del Alavés, se mide este martes al Valencia. Un duelo de alta tensión que viene marcado por el tremendo terremoto institucional que sacude a Mestalla tras las salidas de Carlos Corberán y Ron Gourlay.
A Quique, como es lógico, le tocó capear el temporal en la rueda de prensa previa al partido. El técnico madrileño conoce bien esa casa desde que era un chaval y no es de los que se esconden, aunque esta vez prefirió morderse un poco la lengua por puro respeto: «Tengo una opinión formada y no voy a hacerla pública», soltó para empezar. Eso sí, no ocultó dónde están sus sentimientos en mitad del caos valencianista: «Siempre he dicho que desde que el Valencia está en esta situación, estoy con los valencianistas, estoy con los que sufren la situación que están viviendo». Una declaración de empatía total de alguien que tiene una «historia de amor» con el club che desde pequeño.
El corazón con la afición, la cabeza en el Alavés
Yo esto lo veo muy claro. Quique es un tipo elegante, de los que entienden que en este deporte las formas importan tanto como el fondo. Hablar de más sobre un club herido nunca trae nada bueno, y menos cuando eres el rival que tiene que ganarle al día siguiente. Por mucho cariño que le tenga a la camiseta blanquinegra, el técnico dejó claro que mañana no habrá espacio para la nostalgia sobre el césped: «Yo ahora mismo soy babazorro y lo que quiero es el interés de mi equipo, que haga el mejor partido posible y que podamos ganar». Negocios son negocios, y el Alavés necesita morder.
Para el Alavés, este partido es una oportunidad de oro que no pueden dejar escapar. Enfrentarse a un Valencia descabezado, que llega con Óscar Sánchez como técnico interino tras el despido de Corberán y en plena reestructuración con la llegada de Braulio Vázquez a la dirección deportiva, es el escenario propicio para dar un golpe sobre la mesa. En el fútbol profesional, cuando hueles la debilidad del rival, tienes que ir a por todas. Quique lo sabe de sobra: el mayor respeto que le puedes mostrar a un histórico en horas bajas es competirle al máximo, sin concesiones.
El polvorín che y el factor del interino
La situación en el Valencia es, para variar, sumamente delicada. Las salidas de Corberán y Gourlay han dejado al equipo flotando en un mar de dudas justo antes de este enfrentamiento de Liga. Óscar Sánchez ha asumido el banquillo de forma provisional a la espera de que la directiva cierre el fichaje de un nuevo entrenador. Este tipo de transiciones suelen ser un arma de doble filo: o los futbolistas se reactivan para ganarse el puesto ante el técnico que está por venir, o el desconcierto táctico y la falta de un rumbo claro terminan pesando demasiado en las piernas.
Quique Sánchez Flores buscará que su Alavés sea ese bloque sólido y maduro que desespere a un rival que ya viene tocado psicológicamente. Si el conjunto vitoriano logra imponer su ritmo desde los primeros minutos, los fantasmas del Valencia no tardarán en aparecer. La clave del partido estará en ver cómo gestiona el propio Quique esa doble faceta: la del profesional que necesita los tres puntos para su proyecto y la del hombre que sufre al ver al club de su infancia sumido en otra crisis institucional.
Veremos si el Alavés sabe pescar en el río revuelto de Mestalla o si el Valencia saca el orgullo de la mano de Óscar Sánchez. El balón echa a rodar este martes a las 20:00 y las emociones, desde luego, van a estar a flor de piel.
















