Tijjani Reijnders ha decidido romper uno de los tabúes más grandes del fútbol moderno: admitir que se mueve por dinero. El centrocampista neerlandés ha explicado sin rodeos que su sorprendente traspaso del Manchester City al Al Qadsiah de Arabia Saudí se debe, principalmente, a una cuestión de pura seguridad financiera para él y sus futuras generaciones.
Tras solo una temporada en el Etihad Stadium, donde aterrizó desde el Milan por 55 millones de euros, el jugador ha puesto rumbo a Oriente Medio por 61 millones. Lejos de maquillar su decisión con el típico discurso corporativo sobre «proyectos deportivos apasionantes», Reijnders se ha mostrado demoledoramente honesto en una entrevista con SB26: «No quiero tener que volver a trabajar cuando termine mi carrera». El futbolista, que según diversas informaciones ha firmado un contrato de unos 100 millones de euros por cuatro temporadas, añadió: «Al firmar este contrato, puedo asegurarme de que incluso mis nietos estén financieramente seguros, así que ¿por qué no lo haría?».
El divorcio táctico que precipitó su salida del City
Pero ojo, que no todo es una cuestión de ceros en la cuenta corriente. Detrás de este movimiento exprés también hay un desencuentro táctico sobre el césped. Yo esto lo veo muy claro: Reijnders es de esos futbolistas que disfrutan con el campo de frente, actuando como un centrocampista dinámico de área a área. El clásico ‘box-to-box’ de toda la vida, vamos. Sin embargo, en el Manchester City se vio encasillado en un rol mucho más estático y adelantado, casi de mediapunta puro, donde no terminaba de explotar sus virtudes.
«En la pretemporada me di cuenta de que las cosas volvían a ir en esa dirección en el City, y empecé a plantearme si quería otra temporada así. La respuesta sincera era no», ha confesado el neerlandés. Al final, cuando un jugador de este nivel no se siente cómodo con el libreto que le toca interpretar, lo mejor es abrir la puerta. El club inglés no le puso trabas y aprovechó esos 61 millones ingresados para financiar otras operaciones importantes en su plantilla, como las llegadas de Elliot Anderson, Ayyoub Bouaddi y Enzo Fernández.
¿Se acaba la carrera de élite en Arabia Saudí?
Existe el eterno debate de si marcharse a la Saudi Pro League supone colgar las botas de forma anticipada para el fútbol de primer nivel. Yo, sinceramente, creo que esa frontera cada vez es más difusa. El propio Reijnders admite que al principio pensaba igual, pero una charla con su nuevo técnico en el Al Qadsiah, Brendan Rodgers, le cambió la perspectiva. El plan que tiene en mente es competir allí tres o cuatro años a buen nivel y, tras asegurar el patrimonio familiar, regresar a Europa todavía con fútbol en las botas.
De hecho, el centrocampista no se ha cortado al comparar el nivel competitivo entre continentes: «Valoro más la liga saudí que la Eredivisie. Si la gente quiere juzgar el fútbol de allí, primero debería verlo». Y los hechos, de momento, le dan la razón en lo que respecta a su estatus internacional. Su mudanza no le ha pasado factura en la selección de Países Bajos, donde el seleccionador Xavi Hernández lo ha incluido en la lista para enfrentarse a Alemania en la Nations League.
A nivel de selección, esto demuestra que los técnicos ya no castigan sistemáticamente el éxodo a Oriente Medio. Si mantienes el tono físico y el ritmo de competición, la camiseta nacional sigue estando a tu alcance. Reijnders ha preferido la honestidad brutal antes que el romanticismo de fachada, y ahora le toca demostrar sobre el verde que los billetes no le han quitado el hambre competitiva.
Habrá que seguir muy de cerca su rendimiento bajo las órdenes de Rodgers para ver si este retiro dorado es, en realidad, un puente de ida y vuelta hacia el fútbol europeo.




















