La UEFA ha mostrado mano firme tras los lamentables episodios vividos en el Estadio Sánchez Pizjuán el pasado 29 de septiembre. La Comisión Disciplinaria del máximo organismo europeo ha sancionado a la Federación Croata de Fútbol por el comportamiento racista y discriminatorio de sus aficionados durante el choque frente a España en la Liga de Naciones.
El castigo contempla una multa económica de 20.000 euros para el estamento balcánico, además de la prohibición total de vender entradas a sus hinchas para el próximo partido como visitante de su selección. En la práctica, esta restricción afectaría directamente al compromiso fijado para el próximo 12 de noviembre en su visita a Inglaterra en la catedral de Wembley. Sin embargo, la UEFA ha decidido dejar esta clausura de la grada visitante en suspenso durante un periodo de prueba de dos años.
La espada de Damocles sobre la hinchada croata
A ver, yo esto lo veo con bastante claridad: los 20.000 euros de multa son un contratiempo menor para las arcas de una federación de primer nivel europeo, pero el verdadero aviso al navegante está en la letra pequeña de la resolución. Dejar en suspenso el veto de acceso a Wembley implica colocar a la afición croata bajo la lupa durante los próximos 24 meses.
Si durante cualquiera de sus desplazamientos internacionales en este periodo se repite un incidente discriminatorio o racista, el castigo se ejecutará de manera automática. Es la clásica tarjeta amarilla de la UEFA previa a la expulsión directa. Croacia podrá contar con la presencia de su gente animando en Londres el 12 de noviembre frente a los ingleses, pero el margen de error para su hinchada se ha reducido literalmente a cero. Cualquier descontrol en la grada significará quedarse sin representación a domicilio en el siguiente gran escenario.
Entre el recital en el césped y la mancha en la grada
Resulta triste que una cita futbolística de tanto nivel acabe acaparando titulares por cuestiones extradeportivas. En lo estrictamente futbolístico, aquel encuentro del 29 de septiembre en Sevilla se resolvió con una contundente victoria por 4-1 a favor de la campeona del mundo, en una noche marcada por la pegada del equipo español.
Yo disfruté enormemente con el despliegue ofensivo de España sobre el césped del Pizjuán. Lamine Yamal encarriló el choque con un doblete inapelable, Marc Pubill amplió distancias y Nico Williams se encargó de sellar la cuenta para certificar la superioridad local. El conjunto balcánico solo pudo maquillar el resultado mediante un tanto de Beljo. Fue un verdadero vendaval de juego, pero la resolución comunicada por el Comité Disciplinario nos recuerda que el brillo del espectáculo quedó totalmente opacado por la conducta de un sector de la grada visitante.
Tolerancia cero y el aviso para lo que viene
Desde mi punto de vista, el mensaje de los organismos internacionales es bastante explícito. El protocolo ante los cánticos y actitudes racistas ya no admite rodeos ni paños calientes. No basta con pedir disculpas mediante un comunicado formal a la mañana siguiente; la responsabilidad de controlar a los grupos de aficionados que viajan por Europa recae directamente en las propias federaciones.
A partir de ahora, la selección croata no solo tendrá que concentrarse en lo que proponga sobre el terreno de juego en duelos exigentes como el que se le viene en Wembley. Tendrá que vigilar con lupa la conducta de sus seguidores en cada desplazamiento si no quiere recibir un bofetón disciplinario que deje a su equipo compitiendo en soledad lejos de casa.




















