Un pisotón dentro del área sobre Dávid Hancko que ni el árbitro sobre el césped ni la sala del VAR acertaron a señalar ha encendido la indignación en el Atlético de Madrid tras su empate en Champions League. La imagen difundida tras el choque en tierras alemanas demuestra que la protesta rojiblanca no era una pataleta, sino un penalti como una catedral que se quedó sin castigar.
Sucedió en una acción a balón parado diseñada para el primer palo. Hancko atacó el espacio y fue pisado de forma clara cuando se disponía a remate. Ni el colegiado principal ni sus asistentes en la tecnología consideraron oportuno intervenir. La indignación en la expedición madrileña fue inmediata, y las reacciones no tardaron en llegar tras el pitido final. Alejandro Grimaldo fue uno de los más contundentes al valorar la jugada en la zona mixta del estadio alemán: «Ha habido un penalti clarísimo que no entiendo. Que el VAR entre en algunas situaciones y no entre en otras es algo que no termino de entender, pero creo que en la tele todo el mundo lo ha podido ver», afirmó el lateral. Grimaldo recordó además que recientemente les castigaron con una pena máxima en una acción similar: «Hace poco nos pitaron a nosotros un penalti en una falta lateral y ahora no lo pitan. Supongo que tendrán que salir a dar alguna explicación».
La arbitrariedad del VAR y un botín recortado
Yo esto lo veo clarísimo: la herramienta del VAR se creó para aportar justicia en jugadas cristalinas, pero noches como esta demuestran que el criterio sigue siendo una moneda al aire. Si te pisan el pie dentro del área cuando vas a buscar el remate, no hay interpretación que valga. Es falta y punto. Que nadie desde la sala de pantallas llamase al colegiado para echar un segundo vistazo deja una sensación amarga difícil de digerir.
El valor de esa jugada va mucho más allá de la anécdota del pisotón. El Atlético no completó una noche plácida precisamente. Tuvo que remar en contracorriente y sobrevivir durante media hora en inferioridad numérica tras quedarse con diez futbolistas sobre el terreno de juego. Sacar un punto en esas condiciones tiene mérito competitivo, pero marcharse con las tablas sabiendo que la victoria estuvo en una decisión arbitral escamoteada duele el doble.
Consecuencias directas en la clasificación europea
En este nuevo formato de la máxima competición continental, dejar volar dos puntos por el camino supone un peaje altísimo. La pelea por meterse entre los ocho primeros puestos —los que otorgan el billete directo a la siguiente fase sin pasar por el trámite del playoff— está tan apretada que cada tropiezo pesa como una losa. El Atlético tenía en su mano asestar un golpe de autoridad fuera de casa y meter tierra de por medio, pero el empate lo deja sin margen de error para los compromisos que se avecinan.
Para colmo de males, la expedición rojiblanca tuvo que digerir la frustración encerrada en el hotel. El cierre del espacio aéreo en Alemania obligó al equipo a hacer noche en el país germano antes de poder regresar a Madrid. Una velada involuntaria en suelo alemán con el regusto amargo de saber que, si la tecnología hubiese hecho su trabajo, el vuelo de vuelta traería tres puntos vitales en el equipaje.
A partir de ahora, al cuadro de Diego Simeone solo le queda mirar hacia adelante. La imagen está ahí y la evidencia es incontestable, pero los puntos no van a volver al casillero. La única respuesta posible se dará sobre el verde en la siguiente jornada europea, donde tropezar de nuevo ya no es una opción.




















