El Giuseppe Meazza llevaba sin saborear un triunfo en la Champions League desde el pasado mes de febrero. El Inter de Milán rompió esa racha agónica al vencer por 1-0 al Shakhtar Donetsk con un solitario gol de Carlos Augusto en un choque repleto de tensión y con expulsión incluida.
Los hombres dirigidos por Cristian Chivu venían de tropezar ante el Real Madrid y el Club Brujas en las primeras jornadas continentales. Una nueva caída en casa habría desatado una crisis de proporciones mayores en la capital lombarda. Sin embargo, este triunfo por la mínima permite estrenar el casillero de puntos y rebajar la presión en el entorno ‘nerazzurro’.
Un guion accidentado que acabó en alivio
El partido arrancó con intensidad por parte italiana. Marcus Thuram y Bonny rozaron el gol en los primeros compases, pero se toparon con un inspiradísimo Dmytro Riznyk bajo los palos del conjunto ucraniano. A partir de ahí, el control del Inter se fue volviendo espeso y estéril ante el orden táctico planteado por el técnico visitante, Arda Turan.
De hecho, la primera mitad concluyó entre murmullos en las gradas de San Siro. El Shakhtar dispuso de su gran ocasión antes del descanso, pero el guardameta español Josep Martínez metió una mano providencial para evitar el 0-1. Yo siempre he pensado que sostener a tu equipo en esos momentos grises vale tanto como marcar un gol, y la intervención de Martínez cambió la energía del encuentro.
En el segundo tiempo, el panorama se complicó bastante más para los locales. Alessandro Bastoni vio la segunda tarjeta amarilla tras un manotazo infantil sobre Ocheretko, dejando al Inter con diez futbolistas a falta de gran parte del tramo final. Con la baja por sanción de su mariscal defensivo y un banquillo tocado por las ausencias, el drama parecía servido en Milán.
Carlos Augusto como solución a la plaga de bajas
Las ausencias condicionaban gravemente el margen de maniobra de Chivu. Sin piezas clave como Lautaro Martínez, Pavard, Stones o Curtis Jones, el técnico rumano tuvo que recomponer las líneas sobre la marcha. Carlos Augusto, que habitualmente actúa como carrilero, tuvo que ocupar la posición de central zurdo para tapar huecos en la zaga.
El futbolista brasileño volvió a ser determinante, tal y como venía de hacerlo en el compromiso ligero previo ante el Bolonia. En el minuto clave del encuentro, aprovechó un centro preciso del incombustible Henrikh Mkhitaryan para enviar el balón al fondo de la red y desatar la locura en las gradas. Un gol con sello de pura necesidad.
A partir de ese instante, el Inter tiró de oficio para proteger su ventaja. Thuram asumió la responsabilidad de aguantar balones arriba y desgastar a la defensa rival, reduciendo el ímpetu de un Shakhtar que apretó en los minutos finales sin fortuna.
Qué supone esta victoria para el Inter de Chivu
Más allá del juego, que distó de ser brillante, estos tres puntos suponen un balón de oxígeno tremendo. Iniciar una fase de Champions con tres derrotas consecutivas deja a cualquier proyecto al borde del abismo. Romper la sequía continental tras ocho meses sin ganar en el Giuseppe Meazza en Europa da margen de trabajo a Chivu para ir recuperando efectivos de la enfermería.
La lectura positiva para el cuadro milanés es la capacidad de competir en circunstancias adversas. Ganar sufriendo, con un jugador menos durante media hora y sin tus grandes referentes ofensivos y defensivos, construye carácter. La lectura negativa pasa por la indisciplina de Bastoni, que dejará un hueco importante en la zaga para la próxima cita europea.
El Inter desbloquea su casillero, frena la hemorragia europea y mira al horizonte continental con otro semblante. Toca corregir desconexiones, pero hacerlo desde la tranquilidad que da sumar de tres en tres siempre es mucho más sencillo.




















