El Balón de Oro sigue trayendo cola y esta vez la rajada viene desde dentro de su propia casa. Bixente Lizarazu ha sido el último en señalar directamente a Kylian Mbappé por la gestión de su candidatura al galardón, asegurando que el delantero del Real Madrid «perdió el control completamente» en la recta final por el premio que terminó llevándose Harry Kane por apenas 28 puntos de diferencia.
En su análisis para el programa Telefoot, el exinternacional francés no se mordió la lengua al evaluar por qué a su compatriota se le escapó el trofeo en las votaciones. Aunque valoró su rendimiento deportivo afirmando que «brindó un gran Mundial» y que ejerció como «un capitán coherente de la selección francesa, con un mensaje de equipo contundente», Lizarazu marcó un punto de inflexión muy claro en la actitud de Mbappé cuando se acercó el momento decisivo de las votaciones.
«Se desvió hacia una postura hiperindividualista, carente de humildad, centrándose en la autopromoción y olvidándose en cierto modo de los demás. Daba la impresión de que él era el único que importaba y que nadie más existía», soltó el campeón del mundo de 1998. Para el exfutbolista galo, ese enfoque centrado únicamente en su figura terminó pasando factura a la hora de convencer al jurado internacional, compuesto por 100 periodistas de 100 países diferentes.
El desgaste de la imagen pública y el factor del jurado
Yo esto lo veo bastante claro: cuando la carrera por un premio individual tan mediático se aprieta al máximo, cada gesto fuera del césped cuenta el doble. Quedarte a 28 puntos de ganar el Balón de Oro demuestra que la distancia entre levantar el trofeo o ver cómo se lo lleva otro es mínima, apenas un puñado de votos repartidos por el mundo. Y ahí es donde la percepción pública y la imagen de vestuario juegan su propio partido.
Lizarazu pone el dedo en la llaga con una contradicción que se ve a menudo en las grandes estrellas. Por un lado, tienes al Kylian tirón de carro con la camiseta de Francia, liderando el discurso colectivo y asumiendo galones de capitán. Por el otro, la versión que describe el exlateral: un futbolista volcado en su propia campaña de marketing individual, proyectando una sensación de distanciamiento respecto al grupo que no siempre sienta bien entre los votantes.
El juicio de 100 periodistas internacionales no solo mide los goles marcados o los títulos levantados en el año; también evalúa el comportamiento, el saber estar y la narrativa que envuelve al jugador. Si la sensación generalizada en Francia y en el exterior es que el foco pasó de ser el equipo a convertirse en un monólogo de autopromoción, es lógico que parte del jurado terminase decantándose por una figura con un perfil más sobrio como el de Harry Kane.
Cambio de chip necesario antes del parón internacional
El aviso de Lizarazu no busca hurgar en la herida por puro gusto, sino marcar una línea de cara a lo que viene. Francia necesita a su referente enchufado y sin ruido alrededor para los próximos compromisos internacionales, y el propio Real Madrid requiere a su estrella concentrada al cien por cien en lo que pasa sobre el verde, lejos de polémicas individuales o discursos que distorsionen el ambiente del vestuario.
El Balón de Oro ya tiene dueño y la diferencia de 28 puntos es un dato irrefutable que ya no se va a mover. La verdadera prueba para Mbappé ahora pasa por encajar las críticas que le llegan desde leyendas de su propio país, aparcar la hiperexposición mediática y demostrar en el campo que la lección está aprendida. Veremos si en las próximas citas con Les Bleus volvemos a ver a ese líder colectivo que reclama Lizarazu o si el conato de terremoto sigue dando de qué hablar.




















